Nuestro apoyo a las tomas de los colegios en la Ciudad de Buenos Aires, posible lectura:"La Escuela de Noche" de Cortázar y sugerencias para descargar música y escribir una crónica.
A partir de una entrada de "La Espada Vengadora". “El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado.
Ello puede atribuirse a que el Estado es una inconcebible abstracción. El Estado es impersonal; el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dinero público no es un crimen.
Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.
Aforismos como el de Hegel “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras. Los films elaborados en Holywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente un periodista) que busca la amistad de un criminal para entregarlo después a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia, siente que ese héroe es un incomprensible canalla.
Siente con don Quijote que “allá se lo haya cada uno con su pecado” y “que no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello” (Quijote, 1, XXII).
Más de una vez ante las vanas simetrías del estilo español, he sospechado que diferimos insalvablemente de España; esas dos líneas del Quijote han bastado para convencerme del error; son como el símbolo tranquilo y secreto de una afinidad.
Profundamente lo confirma una noche de la literatura argentina: esa desesperada noche en la que un sargento de la policía rural gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra sus soldados, junto al desertor Martín Fierro.”
(J.L. Borges, Evaristo Carriego (1930), Historia del tango)
En la nota comenta sobre los libros de él que fueron llevados al cine, comenzando por Blade Runner y compara a Dick con Borges:
"Lo más importante, de todos modos, es que Borges y Dick, cada uno a su manera, exploraron lo que desde hace cuatro siglos se ha vuelto, crecientemente, nuestro tema: el reemplazo del mundo “real” por las representaciones del mundo. Desde el barroco en adelante, una serie de artistas y escritores tomaron conciencia de esta división entre el mundo y sus representaciones: entre las cosas y las palabras, entre el modelo y el cuadro, el objeto y su reflejo en un espejo, la vigilia y los sueños, el mundo y el teatro, la locura y la cordura, la percepción y las memorias que de ellas guardamos. Cervantes, Calderón y Velásquez, por mencionar sólo a los más prominentes, se hicieron cargo de explorar las discrepancias cada vez más notorias entre los dos órdenes, y al explorarlas, ahondarlas, y multiplicar sus paradojas. Fue Borges el encargado de trasladar este repertorio de figuras a nuestro tiempo y continente, manteniéndolo básicamente inalterado; y fueron Bioy Casares y Cortázar quienes cruzaron el límite hacia la ciencia ficción, explorando algunas de las paradojas inherentes a los nuevos modos de reproducción mecánica (la fotografía, en ambos; la reproducción total de todas las percepciones en La invención de Morel). Pero si alguien exploró sistemáticamente todas las opciones que las nuevas tecnologías ofrecían, tanto las efectivamente realizadas (cine, computación, robótica) como las todavía imaginarias (implantes de memoria, biónica), ése fue Philip Dick. Adecuadamente, entonces, fue una de estas tecnologías, el cine, y no el viejo medio del papel y la tinta, que hizo de sus imaginaciones un engranaje fundamental de la nueva maquinaria del mundo.
Como Leibniz (que luego se desdijo) y Blanqui en sus respectivas filosofías; como Borges y Bioy Casares en sus ficciones, Dick creía en la existencia simultánea de numerosos mundos posibles, de múltiples realidades “convergentes, divergentes y paralelas”. Sin llegar a los extremos del preceptor Pangloss, versión volteriana de Leibniz, que quería convencernos de que habitamos en “el mejor de los mundos posibles”, Dick era moderadamente optimista, como se desprende de una frase suya que se ha convertido en título de una colección de sus escritos: Si este mundo te parece malo, deberías ver algunos de los otros."
Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos.
Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer El Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender
Jorge Luis Borges.
Pequeño homenaje a quienes no volvieron o volvieron muy mal.
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Nº
Autor
Titulo
1
Nicholas Blake
La bestia debe morir
2
John Dickson Carr
Los anteojos negros
3
Michael Innes
La torre y la muerte
4
Anthony Gilbert
Una larga sombra
5
James M. Cain
Pacto de sangre
6
Milward Kennedy
El asesino de sueño
7
Vera Caspary
Laura
8
Milward Kennedy
La muerte glacial
9
Anton Chejov
Extraña confesión
10
Richard Hull
Mi propio asesino
11
James M. Cain
El cartero llama dos veces
12
Eden Phillpotts
El señor Digweed y el señor Lumb
13
Nicholas Blake
Los toneles de la muerte
14
Enrique Amorim
El asesino desvelado
15
Graham Greene
El ministerio del miedo
16
Clifford Witting
Asesinato en pleno verano
17
Patrick Quentin
Enigma para actores
18
John Dickson Carr
El crimen de las figuras de seda
19
Anthony Gilbert
La gente muere despacio
20
James M. Cain
El estafador
21
Patrick Quentin
Enigma para tontos
22
E. C. R. Lorac
La sombra del sacristán
23
Wilkie Collins
La piedra lunar
24
Cora Jarret
La noche sobre el agua
25
H. F. Heard
Predilección por la miel
26
Michael Innes
Los otros y el rector
27
Leo Perutz
El maestro del Juicio Final
28
Nicholas Blake
Cuestión de pruebas
29
Lynn Brock
En acecho
30
Wilkie Collins
La dama de blanco, 2 tomos
31
Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo
Los que aman, odian
32
Anthony Gilbert
La trampa
33
John Dickson Carr
Hasta que la muerte nos separe
34
Michael Innes
¡Hamlet, venganza!
35
Nicholas Blake
¡Oh envoltura de la muerte!
36
E. C. R. Lorac
Jaque mate al asesino
37
John Dickson Carr
La sede de la soberbia
38
Eden Phillpotts
Eran siete
39
Patrick Quentin
Enigma para divorciadas
40
John Dickson Carr
El hombre hueco
41
Lynn Brock
La larga búsqueda del señor Lamousset
42
Eden Phillpotts
Los rojos Redmayne
43
Richard Keverne
El hombre del sombrero rojo
44
Raymond Postgate
Alguien en la puerta
45
Anthony Gilbert
La campana de la muerte
46
Nicholas Blake
El abominable hombre de nieve
47
Robert Player
El ingenioso señor Stone
48
Manuel Peyrou
El estruendo de las rosas
49
Raymond Postgate
Veredicto de doce
50
Patrick Quentin
Enigma para demonios
51
Patrick Quentin
Enigma para fantoches
52
John Dickson Carr
El ocho de espadas
53
R. C. Woodthorpe
Una bala para el señor Thorold
54
H. F. Heard
Respuesta pagada
55
Michael Innes
El peso de la prueba
56
H. F. Heard
Asesinato por reflexión
57
Anthony Gilbert
¡No abras esa puerta!
58
James Hilton
¿Fue un crimen?
59
Anthony Berkeley
El caso de los bombones envenenados
60
John Dickson Carr
El que susurra
61
Patrick Quentin
Enigma para peregrinos
62
Anthony Berkeley
El dueño de la muerte
63
Patrick Quentin
Corrriendo hacia la muerte
64
John Dickson Carr
Las cuatro armas falsas
65
Anthony Gilbert
Levante usted la tapa
66
Peter Curtis
Marcha fúnebre en tres claves
67
Anthony Gilbert
Muerte en el otro cuarto
68
Sidney Fowler
Crimen en la buhardilla
69
Varios
El Almirante Flotante (en colaboración)
70
John Dickson Carr
El barbero ciego
71
Donald Henderson
Adios al crimen
72
Graham Greene
El tercer hombre y El ídolo caído
73
Edgar Lustgarden
Una infortunada más
74
John Dickson Carr
Mis mujeres muertas
75
Clifford Witting
Medida para la muerte
76
Nicholas Blake
La cabeza del viajero
77
Michael Burt
El caso de las trompetas celestiales
78
Charles Dickens
El misterio de Edwin Drood, prólogo de G. K. Chesterton
79
Cyril Hare
Huésped para la muerte
80
Eden Phillpotts
Una voz en la oscuridad
81
Marten Cumberland
La punta del cuchillo
82
Michael Valbeck
Caídos en el infierno
83
L. A. G. Strong
Todo se derrumba
84
Will Ousler
Legajo Florence White
85
Hugh Walpole
En la plaza oscura
86
Richard Hull
Prueba de nervios
87
Patrick Quentin
El buscador
88
Bernice Carey
El hombre que eludió el castigo
89
Elizabeth Eastman
El ratón de los ojos rojos
90
Margaret Millar
Pagarás con maldad
91
Nicholas Blake
Minuto para el crimen
92
Edgar Lustgarden
Veredictos discutidos
93
Norman Berrow
Peligro en la noche
94
John Dickson Carr
Los suicidios constantes
95
Michael Burt
El caso de la joven alocada
96
Fernand Crommelynck
¿Es usted el asesino?
97
Guy Des Cars
El solitario
98
Michael Burt
El caso del jesuita risueño
99
Vera Caspary
Bedelia
100
Thomas Walsh
Pesadilla en Manhattan
101
Richard Hull
El asesino de mi tía
102
Alexander Rice Guinness
Bajo el signo del odio
103
Josephine Tey
Brat Farrar
104
John Dickson Carr
La ventana de Judas
105
Margaret Millar
Las rejas de hierro
106
Anna Mary Wells
Miedo a la muerte
107
John Dickson Carr
Muerte en cinco cajas
108
Vera Caspary
Más extraño que la verdad
109
C. S. Forester
Cuenta pendiente
110
John Dickson Carr
La estatua de la viuda
111
Gregory Tree
Una mortaja para la abuela
112
Josephine Tey
Arenas que cantan
113
Margaret Millar
Muerte en el estanque
114
Pierre Very
Los Goupi
115
J. C. Masterman
Tragedia en Oxford
116
Robert Parker
Pasaporte para el peligro
117
Eric Linklater
El señor Byculla
118
Nicholas Blake
El hueco fatal
119
Stanley Ellin
El crimen de la callle Nicholas
120
Eden Phillpotts
El cuarto gris
121
Marjorie Stafford
La muerte toca el gramófono
122
Eric Warman
Blando por dentro
123
María Angélica Bosco
La muerte baja en el ascensor
124
Edward Atiyah
La línea sutil
125
Julian Symons
El círculo se estrecha
126
L. A. G. Strong
Scolombe muere
127
William March
Simiente perversa
128
Robert Burns
Soy un fugitivo
129
Mary Fitt
Claves para Christabel
130
Nicholas Blake
Susurro en la penumbra
131
Vera Caspary
El falso rostro
132
Richard Katz
El caso más difícil
133
Julian Symons
El 31 de febrero
134
Serge Groussard
La mujer sin pasado
135
Cyril Hare
Un crimen inglés
136
Anthony Boucher
El siete del calvario
137
Charlotte Jay
El ojo fugitivo
138
H. F. M. Prescott
El muerto insepulto
139
Patrick Quentin
Mi hijo, el asesino
140
Patrick Quentin
El bígamo
141
John Dickson Carr
El reloj de la muerte
142
Josephine Tey
El muerto en la cola
143
Edmund Crispin
El caso de la mosca dorada
144
Nina Bawden
Trasbordo a Babilonia
145
Nicholas Blake
La maraña
146
Marten Cumberland
La puerta de la muerte
147
Patrick Quentin
El hombre en la red
148
Nicholas Blake
Fin de capítulo
149
John Dickson Carr
Patrick Butler por la defensa
150
Beverly Nichols
Los ricos y la muerte
151
Patrick Quentin
Circunstancias sospechosas
152
Edin Lanham
Asesinato en mi calle
153
Cyril Hare
Tragedia en la justicia
154
Robert Harling
La columnata interminable
155
Cornell Woolrich (William Irish)
Violencia
156
Patrick Quentin
La sombra de la culpa
157
Nicholas Blake
Un puñal en mi corazón
158
Roy Fuller
Fantasía y fuga
159
Nicholas Blake
El crucero de la viuda
160
Margaret Millar
Las paredes oyen
161
Raymond Chandler
La dama del lago
162
E. C. R. Lorac
Muerte por triplicado
163
Patrick Quentin
El monstruo de ojos verdes
164
Wallace Reyburn
Tres mujeres
165
Vera Caspary
Evvie
166
Alex Fraser
Lugares oscuros
167
Beverly Nichols
Asesinato a pedido
168
Julian Symons
La senda del crimen
169
Patrick Quentin
Vuelta a escena
170
John Dickson Carr
Pese al trueno
171
Nicholas Blake
El gusano de la muerte
172
Margaret Millar
Semejante a un ángel
173
Max Duplan
Sanatorio de altura
174
Laurence Payne
Claro como el agua
175
Vera Caspary
El marido
176
Wade Miller
El arma mortal
177
Patrick Quentin
La angustia de Mrs. Snow
178
Marten Cumberland
Y luego el miedo
179
James Hadley Chase
Un loto para Miss Quon
180
Hillary Waugh
Nacida para víctima
181
John Burke
La parte culpable
182
Nicholas Blake
La burla siniestra
183
James Hadley Chase
¿Hay algo mejor que el dinero?
184
Thomas Walsh
Un ladrón en la noche
185
James Hadley Chase
Un ataúd desde Hong Kong
186
Hillary Waugh
Apelación de un prisionero
187
Maurice Moiseiwitsch
Besa al ángel de las tinieblas
188
Ross Macdonald
El escalofrío
189
Patrick Quentin
Peligro en la casa vecina
190
Thomas Walsh
Esconder a un canalla
191
Patrick Quentin
Trasatlántico "Asesinato"
192
Edwin Lanham
No hay escondite
193
Howard Fast
El ángel caído
194
John Dickson Carr
Fuego que quema
195
Ben Healey
Al acecho del tigre
196
Patrick Quentin
El esqueleto de la familia
197
Nicholas Blake
La triste variedad
198
Herbert Brean
Los rastros de Brillhart
199
James Hadley Chase
Un ingenuo más
200
Ross Macdonald
Dinero negro
201
Hillary Waugh
La joven desaparecida
202
James Hadley Chase
Una radiante mañana estival
203
John Bingham
Un fragmento de miedo
204
John Dickson Carr
El codo de Satanás
205
James Hadley Chase
La caída de un canalla
206
Ross Macdonald
El otro lado del dólar
207
Nicholas Freeling
Cañones y manteca
208
Nicholas Blake
La mañana después de la muerte
209
James Hadley Chase
Fruto prohibido
210
James Hadley Chase
Presuntamente violento
211
Nicholas Blake
La herida íntima
212
Hillary Waugh
El hombre ausente
213
James Hadley Chase
La oreja en el suelo
214
Nicholas Blake
Fin de capítulo
215
Hillary Waugh
30 Manhattan East
216
Nicholas Beverley
Los ricos y la muerte
217
Ross MacDonald
Enemigo insólito
218
John Dickson Carr
Oscuridad en la Luna
219
John D MacDonald
El fin de la noche
220
John Boland
El derrumbe
221
James Hadley Chase
Trato hecho
222
Nicholas Freeling
¡Tsing-Boum!
223
Hillary Waugh
Corra cuando diga:¡ya!
224
James Hadley Chase
Y ahora querida...
225
Hillary Waugh
Muerte y circunstancia
226
Hillary Waugh
Veneno puro
227
Ross Macdonald
La mirada del adios
228
John D MacDonald
La única mujer en el juego
229
Ellery Queen
Besa y mata
230
Ellery Queen
Asesinatos en la Universidad
231
James Hadley Chase
El olor del dinero
232
Cornell Woolrich (William Irish)
Plazo: Al amanecer
233
Paul Andreota
Zigzags
234
Piero Chiara
Los jueves de la señora Julia
235
Ben healey
Las mujeres se dedican al crimen
236
Margaret Millar
Sólo monstruos
237
John Dickson Carr
Mediodía de espectros
238
John A. Graham
Algo en el aire
239
Joseph Harrington
El último timbre
240
James Hadley Chase
Un agujero en la cabeza
241
Sidney Sheldon
Cara descubierta
242
Cornell Woolrich (William Irish)
No quisiera estar en tus zapatos
243
John A. Graham
El robo del Cezanne
244
Ross MacDonald
Costa Bárbara
245
Michael Z. Lewin
Acertar con la pregunta
246
Paul Andreota
El pulpo
247
John Dickson Carr
Mansión de muerte
248
James Hadley Chase
Peligroso si anda suelto
249
Robert Garret
El fin de la persecución
250
Vera Caspary
Retrato terminado
251
Cornell Woolrich (William Irish)
La dama fantasma
252
James Hadley Chase
Si deseas seguir viviendo
253
John Craig
¿Quieres ver a tu mujer otra vez?
254
Lillian O' Donell
El teléfono llama
255
Michael Collins
Acto de terror
256
Stanley Ellin
El hombre de ninguna parte
257
David Anthony
La organización
258
Michael Gilbert
El cadaver de una chica
259
Michael Collins
La sombra del tigre
260
Richard Neely
El síndrome fatal
261
Bill Pronzini
¡Pánico!
262
Victor Canning
Peón dama
263
David Anthony
Sangre a la luz de la luna
264
Cornell Woolrich
Cita en la Oscuridad
265
James Hadley Chase
Estas solo cuando estas muerto
266
David Anthony
Sangre a la luz de la luna
267
James Hadley Chase
Sin dinero, a ninguna parte
268
Richard Neely
La amante japonesa
269
Lillian O'Donnell
No uses anillo de boda
270
James Hadley Chase
Acuestala sobre los lirios
271
Kennetth Royce
El hombre xyy
272
Victor Canning
La efigie derretida
273
Stanley Ellin
La especialidad de la casa
274
Gregory Cromwell Knapp
La estrangulación
275
Robert Dennes
El sudor del miedo
276
Dwight Steward
Acupuntura y muerte
277
Arthur Maling
Ding dong
278
Stanley Ellin
Castillo de naipes
279
Roger Ivnees
El llanto de Némesis
280
Lettice Cooper
Te en domingo
281
Raymond Chandler
Asesino en la luvia
282
David Westheimer
La cabeza olmeca
283
Victor Canning
Cresta roja
284
James Hadley Chase
El biutre paciente
285
Michael Collins
El grito silencioso
286
Peter Dickinson
El oráculo envenennado
287
James Hadley Chase
Con las mujeres nunca se sabe
288
John D Macdonald
Cielo Trágico
289
Reg Gadney
Luchar por algo
290
James Hadley Chase
Hay un hippie en la carretera
291
John Bingham
Cinco accesos al paraíso
292
Cornell Woolrich (William Irish)
La novia vestia de luto
293
John D Macdonald
Lamento turquesa
294
John Godey
La muerte del año
295
Bill Pronzini
Prisionero en la nieve
296
Dick Francis
Golpe final
297
Lillian O' Donell
Traficantes de niños
298
Cornell Woolrich (William Irish)
Serenata del estrangulador
299
James Hadley Chase
Un as en la manga
300
David Anthony
La dama de medianoche
301
Walter Kempley
Calculo de probabilidades
302
Victor Canning
La marca de Kingsford
303
Lillian O' Donell
Disque 577
304
James Hadley Chase
Peces sin escondite
305
Kyril Bonfiglioli
No me apuntes con eso
306
Kenneth Royce
Operación leñador
307
Victor Canning
El esquema Rainbird
308
Stanley Ellin
La fortaleza
309
Kenneth Royce
En el hampa
310
Dereck Marlowe
La hermana de alguien
311
James Hadley Chase
Toc toc quien es
312
Victor Canning
La máscara del recuerdo
313
Nicholas Meyer
Práctica de tiro
314
James Hadley Chase
Si usted cree esto
315
Richard Neely
Mientras el amor duerme
316
Gavin Lyall
El pais de judas
317
James Hadley Chase
Muerase, por favor
318
John Godey
La hora azul
319
Dick Francis
En el marco
320
Margaret Millar
Pregunta por mi mañana
321
Peter Lovesay
Figura de cera
322
Hillary Waugh
Una novia para Hampton House
323
Lillian O'Donnell
Trabajo mortal
324
Arthur Maling
Juego Diabolico
325
Stanlei Ellin
Viaje a Luxemburgo
326
Rex Stout
Asunto de familia
327
Martha Albrand
Zurich / AZ 900
328
Simon Brett
Por orden de desaparicion
329
James Hadley Chase
Considerate muerto
330
El caballo de Troya
Hammond Innes
331
John Bingham
Amo y mato
332
James Hadley Chase
Tengo los cuatro ases
333
Dick Francis
Olimpiada en Moscu
334
Margaret Millar
El asesinato de Mrs Shaw
335
Joe Gores
Al estilo Hammett
336
Hilary Vaugh
Un loco en mi puerta
337
Donald Hamilton
Los ejecutores
338
Kenneth Royce
El toque de Satan
339
Alain Demouzon
Crimenes imperfectos
340
Cornell Woolrich
El negro sendero del miedo
341
Kyril Bonfigliori
Detras de un revolver
342
Stanley Ellin
La estrella deslumbrante
343
Kay Nolte Smith
La espectadora
344
Dick Francis
Riesgo mortal
345
Ngaio Marsh
La foto en el cadaver
346
Hugh Macleave
Ningun rostro en el espejo
347
Gene Thompson
La prueba decisiva
348
Ellis Peters
Un cadaver de más
349
Allain Demouzon
El largo tunel
350
J. Crouley
Cambio rapido
351
Donald Hamilton
Los envenenadores
352
Ian Stewart
Huelga fraguada
353
B. M. Gill
Victimas
354
Leo Bruce
El caso de la muerte entre las cuerdas
355
H. Paul Jeffers
Asesinato en el club
356
Leo Bruce
El caso para tres detectives
357
Andrew Garve
Contragolpe
358
Josephine Bell
Y si viniera el lobo
359
Peter May
Rostros ocultos
360
Simon Brett
Tanta sangre
361
Leo Bruce
Un caso para el sargento Beef
362
Peter Lovesay
El falso inspector Deew
363
Lionel Black
Rescate para un desnudo
364
Leo Bruce
Cabeza a cabeza
365
Liza Cody
Engaño
366
Donald Hamilton
Los intimidadores
367
Leo Bruce
Sangre fria (*)
(*) nota: en la contraportada del nº 366 se anuncia esta novela que nunca llegó a aparecer, es un número fantasma.
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No se bien cuáles están dando vueltas por ahí, si quiere fijarse y enviárnoslo lo ponemos a disposición de todos como hicimos con la
El folleto no lo tenemos, quién sabe aparezca por ahí, lo que encontré es:
"La leche cuajada limpia el organismo del hombre; dentro de él, ensancha su vida. Los mayores arcanos suelen estar a nuestro alrededor; también algunas maravillas; la costumbre excusa la conciencia, miramos sin ver y, lo que es peor, creyendo que nada queda por ver y vamos a lo remoto, menos inalcanzable que lo inmediato, en busca de esfinges y de maravillas. El elixir de la larga vida, de los cuentos y de algunas débiles fallas de nuestra desesperanza, es por todos conocido: la leche cuajada, alimento de Matusalén"
En googlebooks aparece un libro que cita algunos pasajes del folleto pero no todo el folleto:
Y bueno, si alguien tiene todo el folleto y quiere compartirlo ya sabe nuestra dirección:
enviolibros#gmail.com
Si nadie lo tiene...Es difícil que aparezca.
E.G.
Otra tapa del folleto de La Martona escrito por Borges-Bioy
El huevo en la alimentación, creo que está escrito sólo por Bioy
En una primera versión sostenía:
"El consumo no afecta al hígado, siempre y cuando no se supere una dosis diaria de treinta huevos".
"Emblema de la creación del Universo y del origen de todas las cosas, símbolo de la obra sagrada"
TVE realizó en 1992 algunos videos inspirados en los cuentos de Borges, no encontramos ninguno...Pero están otros y los archivos de los cuentos que se usaron para hacer esos programas.
Si conoce en dónde están y quiere compartirlos....
Supongo que debe haber varios cuentos de ajedrez, hoy en Página 12 sale un artículo en donde comentan uno:
"El hecho de que el ajedrez puede ser un íntimo aliado de la locura es el tema de Partida de ajedrez, la famosa novela de Stefan Zweig publicada en 1941. Mirko Czentovic, el campeón mundial, se encuentra a bordo de un lujoso transatlántico con rumbo a Buenos Aires. Por doscientos cincuenta dólares la partida, Mirko acepta jugar contra un grupo de pasajeros y los derrota con una facilidad despreciativa. Hasta que un misterioso jugador se une a los aficionados. Czentovic y su rival quedan en tablas."
Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.
Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla". A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.
Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.
El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: "¿Quién eres y cuál es tu patria?" El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí". El Capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?" El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste".
Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete."
El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó. "La prueba del Laberinto" de Mircea Elíade, en "El Alquimista" de Paulo Coelho.
Resulta, sin embargo, que esta «paradoja» constituye uno de los temas favoritos de la sabiduría popular. Recordaré ahora un solo ejemplo, la historia del rabino Eisik de Cracovia, que el indianista Heinrich Zimmer extrajo de los Khassidischen Bücher de Martín Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le exigía trasladarse a Praga, donde, bajo el gran puente que conduce al castillo real, encontraría un tesoro oculto. El sueño se repitió tres veces y el rabino se decidió por fin a partir. Una vez llegado a Praga, encontró el puente, pero éste se hallaba vigilado día y noche por centinelas. Eisik no se atrevió a cavar. Mientras merodeaba por los alrededores, terminó por llamar la atención del capitán de los guardias, que le preguntó amablemente si había perdido algo. Con toda sencillez, el rabino le contó su sueño. El oficial estalló en carcajadas: «¡Pobre hombre! ¿De verdad que has gastado tus sandalias recorriendo tan largo camino sólo por causa de un sueño? ¿Qué hombre razonable creería en un sueño?». También el oficial había escuchado en sueños una voz. «Una voz que me hablaba de Cracovia y que me ordenaba marchar allá y buscar un gran tesoro en casa de un rabino llamado Eisik, Eisik hijo de Jekel. El tesoro sería descubierto en un rincón polvoriento en que se hallaba enterrado detrás de la estufa». Pero el oficial no daba ningún crédito a las voces oídas en sueños. El oficial era una persona razonable. El rabino se inclinó profundamente, le dio las gracias y regreso apresuradamente a Cracovia. Cavó en el rincón abandonado de su casa y descubrió el tesoro que puso fin a su miseria. «Por consiguiente —comenta Heinrich Zimmer—, el verdadero tesoro, el que pone fin a nuestras pruebas y miserias, nunca está lejos, sino que yace sepultado en los rincones más apartados de nuestra propia casa, es decir de nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, el centro dador de vida y de calor que rige nuestra existencia, el corazón de nuestro corazón, y lo único que tenemos que hacer es saber cavar. Pero queda también el hecho de que únicamente después de un viaje piadoso por una región lejana, por un país extranjero, por una tierra nueva, se nos podrá revelar la significación de esta voz interior que guía nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y constante viene a añadirse otro, y es que el sentido de nuestro misterioso viaje interior ha de sernos revelado por un extranjero, un hombre de otras creencias o de otra raza.»
Están dando un ciclo de películas que lo tienen a Jorge Luis Borges como protagonista o inspirados en sus cuentos.
Las películas son:
Alphaville (de Jean Luc Godard), les dejo el trailer que encontré en youtube.
Otra parte de Alphaville.
"¿Sabe lo que transforma la noche en luz? La poesía".
La maravillosa respuesta del agente Lemmy Caution ante el interrogatorio de Alpha 60, en Alphaville.
Un mundo matemáticamente perfecto, donde todo acto esta orientado a predecir el futuro, donde nuestras leyes básicas de acción reacción, dejaron de ser naturales y pasaron a ser tan solo un mero calculo lógico para evitar el desequilibrio en cualquier plano. Acciones y personas programadas, predecibles hasta hacerse insoportables. La voluptibilidad, la emoción, el arte, el sentimiento, son aplacados, cual peste destructora del equilibrio mental, real y mecánico.
Tal es el mundo futurista y a la vez subliminalmente real, que nos pinta con magistralidad eximia Jean-luc Godard, en Alphaville, la extraña aventura de Lemmy Caution. Dirigida y escrita por el mismo Godard, Alphaville (1965), es un film completo, una combinación de ciencia ficción, con cine negro, la fotografía y duración precisas, además el guión extraordinario, así como las actuaciones de Eddie Constantine y Anna Karina, hacen de este, un film completo en todo sentido e imprescindible para cualquier cinéfilo incurable, así también como para aquellos que como el que escribe somos filósofos constantes del día....
Y al parecer tiene que ver con con la obra de Borges:
Aparentemente en algún lugar Alpha (el computador central de Alphaville dice):
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
Estela Canto y Jorge Luis Borges se conocieron en 1944. Estela era mujer culta, inteligente, bella e inquietante. Trabajaba como locutora de radio, traducía textos de inglés y quería ser escritora. Borges era un hombre tímido, apegado a su madre, conservador, empleado en un modesta Biblioteca pública. Todavía era un desconocido para el gran público. Comenzaron una relación muy especial. Una joven liberada, precursora del feminismo, y un hombre tímido que pedía permiso a su madre para salir, para invitar a Estela a bellas elucubraciones intelectuales, en caminatas nocturnas por San Telmo o Parque Lezama. Se sucedieron episodios amorosos, dudas, consultas a amigos, intrigas, dolor. Alternaron con artistas y escritores de la época. Y se enamoraron. O al menos Borges se enamoró, mientras su madre y su hermana se oponían. La relación duró cinco años, hasta que Estela abandonó a Borges que quedó sumido en el dolor y logró recomponerse después de mucho tiempo, dedicándose solitariamente a escribir y dictar conferencias.
Conexión Internacional – Jorge Luis Borges Director Walter Sales. Brasil, c.1988,
Una extensa entrevista realizada a Borges en su casa...No encontré mucha más información sobre esta película. Debe ser interesante, el director es el mismo de "Central do Brasil" o "Estación Central" y "Diarios de Motocicleta" entre otras películas..Si saben de más información déjenla en los comentarios.
Emma Zunz.Argentina, 1953, 66 min.Dirección Leopoldo Torre Nilsson
En otra entrada del blog dejé algo que encontré en youtube cuando busqué por Borges ahí. También está la información que nos envió Saúl sobre una miniserie que se hizo en España con algunos de los cuentos de Borges.
Lamentablemente no encontré ningún video de ésa miniserie, no se si está en eMule o en algún otro lado.
Si quieren agregar algo sobre Borges y el cine, puede dejarlo en los comentarios de esta entrada.
No son todas las películas sobre Borges o basadas en obras de Borges que existen, en una página comentan:
El hombre de la esquina rosada.
Días de oro
Una versión francesa de Emma Zunz (de 1969)
Aparentemente ninguna de esas películas le gustó a Borges, leyendo en Sololiteratura sobre las opiniones de Borges con el cine encuentro que le gustó la adaptación de "El hombre de la esquina rosada":
Borges: -Podría decirse que cine me ha aportado el mundo visual. Sin embargo no se ha hecho ningún buen film con mis cuentos salvo Hombre de la Esquina Rosada de René Mugica, que es superior al texto mío, después, Torre Nilsson realizó otro titulado cacofónicamente Días de Odio.
En los comentarios nos avisan de una película más en la que Borges fue incluso guionista pero que no le gustó como terminó, Albatro nos pasa el dato:
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"La Intrusa" es un cuento de Borges en el que dos hermanos se enamoran de la misma mujer, a la que luego matan porque se había interpuesto entre ellos. Sobre ese cuento se hizo una película brasileña del mismo nombre. Borges dió su consentimiento, pero cuando vio que habían puesto una escena de sexo dijo que habían falseado el sentido del cuento, etc... La vi creo que en la década del sesenta, averigüen.... Albatro
Gracias por el dato, buscando en Internet encontré:
Es del 79 Carlos Hugo Christensen es el director y el guion lo hizo Borges, pero parece que si, que al final a él no le gustó como terminó.
Acá hay otras películas que tienen que ver con Borges:
Sin embargo, Borges no quedó conforme con el resultado y declaró a los medios que el film no le había gustado. Años más tarde, en diálogo con el historiador cinematográfico Mario Gallina, Christensen recordó: "Borges asistió a la proyección privada del film. Lo acompañaron entre otros, María Kodama, la artista plástica Susana Rojo, Ulises Petit de Murat y el director de la editorial Carlos Frías, que se ocupaba sobre todo lo concerniente a los derechos de su obra. Mientras se pasaba la película, María le iba diciendo qué pasaba en la pantalla. Yo observaba que con la mano, Borges seguía el ritmo de la música de Piazzolla. Cuando finalizó, me dijo en voz alta, que le había encantado el film. Inexplicablemente, poco después, comenzó a hacer comentarios desfavorables sobre el guión. Pero yo nunca lo responsabilicé a él por eso. Un amigo suyo -cuyo nombre no recuerdo- creó toda esa situación tan molesta. Una persona despreciablemente intrigante, que influyó negativamente en Borges. No se olvide que era ciego." (2)
Título original: La intrusa Dirección: Carlos Hugo Christensen Guión: Carlos Hugo Christensen sobre el cuento homónimo de Jorge L. Borges Fotografía: Antonio Goncalves Música: Astor Piazzolla Díalogos: Orígenes Lessa y Ubirajara Raffo Constant Montaje: Jayme Justo Escenografía y vestuario: Ubirajara Raffo Constant Intérpretes: José de Abreu (Cristian Nilsen), Arlindo Barreto (Eduardo Nilsen), María Zilda (Juliana), Palmira Barbosa (Efigenia), Fernando de Almeida (Juan Iberra), Ricardo Wanick (Daniel Iberra), Mauricio Loyola (Juan de los Pájaros), Heloísa Gedel (Muchacha del camino), Miguel Barbará (Payador).
Y acá hay una ficha de la película para una escuela de capacitación de Buenos Aires:
Febrero. Las personas que me hablaban acerca de la muerte de Borges en Ginebra, lo hacían polémicamente, a favor de María, o contra María; quizá a favor de la familia o de la cocinera Fanny.
Yo, que no quería azuzar inquinas que se entrecruzaban en la posteridad de Borges, más de una vez afirmé: "Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Ginebra no era para él un destierro. La recordaba siempre con nostalgias. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores, a los ochenta y tantos años".
Todo esto es verdad, pero ahora siento que es quizá una verdad un tanto superficial que en esos momentos empleaba para defenderme de personas tan interesadas en la satisfacción de sus aversiones, que parecían no sentir tristeza por la muerte de mi amigo. Quisiera creer que la muerte de Borges no fue tan desolada como la imagino.
Yo quiero entrañablemente a París, pero sin duda preferiría morir en Buenos Aires. Todo puede volverse diabólicamente extraño al enfermo (Silvina, cuando regresó del hospital, no reconocía su casa); de todos modos, parece que las cosas que lo ayudan a sentirse en un ambiente familiar (en la acepción de conocido, de siempre) son favorables.
No creo que Borges se haya sentido rodeado de las cosas y de las personas de siempre. Ojalá me equivoque. Murió en la compañía de María, en la de Bernès y quizá en la de Bianciotti. María era su amor, y esto me llevó a decir: "
Volvió a los ochenta años, con su amor, al país de los mejores recuerdos".
En realidad, María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que Borges estaba ciego); lo celaba (se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores); se impacientaba con sus lentitudes. Junto a ella vivía temiendo enojarla. Por lo demás, María era una persona de tradiciones distintas a las suyas.
Borges alguna vez me dijo: "Uno no puede casarse con alguien que no sabe lo que es un poncho o lo que es el dulce de leche". En lugar de poncho y dulce de leche podemos poner infinidad de otras cosas que jamás compartieron María y Borges. Creo que con María podía sentirse muy solo. A Bernès lo conocía superficialmente, de verlo en mi casa.
En cuanto a Bianciotti, fue siempre para Borges un personaje ridículo, vanidoso, afectado, afantochado.
Según Silvina, Borges partió a Ginebra y se casó para mostrarse independiente, como un chico que quiere ser independiente y hace un disparate. Yo agregaría: "Viajó para mostrarse independiente y, de paso, para no contrariar a María".
"Voy a asignarle un número a cada letra del alfabeto, y lo voy a hacer en orden. Es decir:
A la letra a le corresponde el número 01
A la letra b le corresponde el número 02
A la letra c le corresponde el número 03
A la letra r le corresponde el número 19
A la letra s le corresponde el número 20,
Y para terminar, a la letra z le corresponde el número 27, y si quiero indicar un espacio en blanco, le asigno el número 28.
La tabla completa es la siguiente:
Veamos algún ejemplo: si quisiera escribir la palabra libro, usando las asignaciones que acabo de establecer, se tiene el siguiente número:
0,1209021916
Esto resulta de que:
L corresponde 12
I corresponde 09
B corresponde 02
R corresponde 19
O corresponde 16
Al revés, el número 0,011907051421091401 corresponde a la palabra Argentina. Y el número 0,102220210903090128201603090112 representa a las palabras “justicia social” (el número 28 que aparece en el recorrido, es el que indica el espacio entre las dos palabras)."
En realidad harian falta más dígitos:
Vocales acentuadas
Letras mayúsculas.
Así serían precisos 27 x 2 (con las mayúsculas 'a' es diferente de 'A' + 5, á, é, í, ó, ú) así serían en realidad por lo menos 60 dígitos si queremos representar a todos los caracteres que hacen un libro, letras mayúsculas y minúsculas, vocales acentuadas y espacio en blanco. En realidad harían falta más caracteres todavía como paréntesis, guiones, puntos, comas, tal vez los mismos números, etc. etc...Pero bueno el conjunto de caracteres no es tan grande, digamos que una tabla Ascii alcanza y sobra.
Pero bueno, en el ejemplo el autor no quiso hacerla muy difícil y por eso lo limitó a 27 caracteres.
Así podemos hacer una réplica de la Biblioteca de Babel de Borges pero sólo representada por números entre 0 y 1. Uno podría pensar que existen más números entre 0 y 1 que todos los libros que pudieran existir ya que el infinito entre 0 y 1 es mucho mayor que el infinito de los posibles libros...
A los libros los podemos contar, colocar en correspondencia con los números naturales , cantidad aleph cero, el otro, el de ceros y unos es un conjunto no enumerable, no podremos colocarlos en correspondencia con los números naturales.
Según lo que decía Borges en su cuento "La Biblioteca de Babel": " El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)"
"Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero." O sea, el libro que repite infinitamente MCV sería el que correspondería a una sucesión infinita de los dígitos:
0.130323
Y así infinitamente...Al ser un número periódico se lo puede representar como un número racional, en este caso el número es: 130323/99999.
Un número racional es aquél que puede representarse como una fracción como un numero entero dividido por otro número entero (diferente de cero).
Pero podríamos poner todos los libros de la Biblioteca de Babel de Borges con su correspondiente representación en números entre 0 y 1, y así y todo nos sobrarían números....
Sería una biblioteca "ecológicamente correcta" ya que no estaría representada en papel sino en números que no necesariamente tendrían que ser impresos.
Incluso se podría generar el programa de computación que los "traduzca" a los caracteres que habitualmente leemos. En realidad algo así es lo que hace el código Ascii.
Y de esta manera estamos también colaborando con el Blog Action Day. En donde se pide a los blogueros que coloquen alguna entrada en defensa del medio ambiente..
Así que, tal vez, con un programa que genere números entre cero y uno, grandes tiras de números por ejemplo se podrían "escribir" todos los posibles libros que existen o existirán. Dice Borges en su cuento:
"Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden).
Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."
Se podría entonces "simular" a la "Biblioteca de Babel":
Supongamos que de alguna manera (un programa tal vez) hago tiras de dígitos.
A cada tira de dígitos le correspondería un libro.
Si una tira de dígitos es diferente a otra en un sólo número sería otro libro.
Así podría hacer algo como lo que dice Borges un libro que se llame
«Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo»
O que tenga esas frases en él. Otros con una cantidad enorme de a...
Pero sería una interesante experiencia.
¿ Y si luego de todo eso alguien consigue una tira de números que tiene algún significado?, ¿y si tiene un significado al decodificarlo con el código ascii ,por ejemplo, y otro con otro código?...
Bueno, les dejo la idea a uds....Pero que sería interesante para un posible cuento ....
Emma Zunz (no se en qué idioma está, tiene subtítulos en inglés, pero si lo desea abajo encontrará una carpeta en donde está el texto del cuento en español)
El sur (trailer)El Golem (poesía)El episodio del enemigo
Saúl me comenta de una serie que hiciera la TVE de los cuentos de Borges.
"Hay una serie de programas de televisión (películas cortas es mejor) que pasaron en 1992 con motivo del V Centenario del descubrimiento de América .Los hizo TVE en coordinación con varios entes de diversos países: Argentina, México y algún otro. ¿Tú los viste? Ocasionalmente los pasaban en TVE y también en Cinemax."
En realidad no los vi, Saúl nos pasa los cuentos que se filmaron para aquella ocasión, están en:
Los que están aca arriba no tienen que ver con los videos hechos por TVE.
El video de Emma Zuns, no se en qué idioma está, pero pueden seguirlo con la lectura del cuento, o si quieren lean el cuento primero y luego vean el video.
Si encuentran algún otro cuento de Borges aunque no esté entre los que hiciera la TVE y quiere compartirlo, deje la dirección en los comentarios o díganos por e-mail en donde está (el e-mail: enviolibros#gmail.com, reemplace # por @)