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| lunes, 23 de febrero de 2009 |
Enviado por: Basileus Castaliensis
Darwin Mal Entendido En el aniversario 200 del nacimeinto de Darwin, persisten dos mitos acerca de la evolución y la selección natural Por Michael Shermer
En el número de febrero de este año, la columna de Michael Shermer dedica su espacio a comentar estas ideas. Envío el original y la traducción para quienes se interesen en el tema.
El 2 de julio de 1866, Alfred Russel Wallace, el codescubridor de la selección natural, escribió a Charles Darwin para lamentar como había sido malinterpretado “repetidamente sorprendido por la completa incapacidad de un gran número de personas inteligentes para ver con claridad o por lo menos ver los efectos necesarios e inherentes de la Selección Natural que llego a concluir que el término en si y su modo de ilustrarlo, aunque claro y hermoso para muchos de nosotros, no son sin embargo, los mejores adaptados para incidir en el público naturalista”. La fuente de esta mala interpretación, continuaba Wallace, era el propio nombre, el que implicaba “la vigilancia constante de un ‘seleccionador’ inteligente, como la selección humana a la que con frecuencia Ud. compara” y que “pensamiento y dirección son esenciales a la acción de la ‘Selección Natural’”. Wallace sugería redactar el término y adoptar la frase de Herbert Spencer “supervivencia del más apto”. Desafortunadamente eso fue lo que pasó y llevó a dos mitos acerca de la evolución y que persisten hasta hoy: que existe una direccionalidad consciente hacia la evolución y que la supervivencia depende completamente de una competencia sanguinaria. Contrariamente al primer mito, la selección natural es una descripción de un proceso, no una fuerza. Nadie está “seleccionando” organismos para sobrevivir en el sentido benigno de un criador de palomas que selecciona características deseables para exhibir o para extinción en el sentido maligno de los nazis seleccionando prisioneros para morir. La selección natural no es consciente —no puede anticipar que cambios se necesitarán para la supervivencia. Cuando mi hija era pequeña traté de explicarle la evolución usando osos polares como ejemplo de “especie en transición” entre mamíferos terrestres y marinos pero me equivoqué. Los osos polares no están “en camino de convertirse en mamíferos marinos. Están bien adaptados para su ambiente ártico. Selección natural simplemente significa que aquellos individuos con variaciones más apropiadas a su ambiente dejan más descendencia que los individuos que estén menos bien adaptados. Este resultado se conoce como “éxito reproductivo diferencial”. Puede ser, como sostiene el segundo mito, que los organismos más grandes, fuertes, rápidos y brutalmente competitivos se reproducirán con más éxito, pero es igual de probable que los organismos que sean más pequeños, débiles, lentos y socialmente cooperativos tengan también éxito. Esta segunda noción en particular hace que la evolución sea desagradable para muchos ya que oculta la teoría con el barniz oscurecedor que recuerda la frase de Lord Alfred Tennyson “la naturaleza, roja de los dientes y las garras”. Thomas Henry Huxley, “el bulldog” defensor de Darwin, promocionó este punto de vista “de gladiadores” de la vida en una serie de ensayos populares sobre la naturaleza “por lo cual el más fuerte y más astuto vive para pelear otro día”. El mito persiste. En su reciente película documental Expelled: No Intelligence Allowed(Expulsados, No se permite la Inteligencia, Ben Stein liga el darwinismo al comunismo, el fascismo y el Holocausto. El anterior Ejecutivo en Jefe de Enron, Jeff Skilling malinterpretó el libro de Richard Dawkins “El Gen Egoísta” al entender que la evolución se guía únicamente por la competencia despeinada, tanto entre corporaciones como dentro de Enron, llevando a su infame sistema de evaluación de epleados “avanzar y desplazar”, que resultó en despidos masivos y resentimiento competitivo. Esta visión de la vida no necesitaba convertirse en la dominante. En 1902 el anarquista ruso Petr Kropotkin publicó una refutación a Huxley y Spencer en su libro Ayuda Mutua. Retando a spencer por su frase, Kropotkin observó: “Si preguntamos a la Naturaleza: ‘¿quienes son los mejor adaptados, aquellos que están continuamente en guerra entre si o aquellos que se ayudan uno al otro?’ en seguida vemos que aquellos animales que adquieren hábitos de ayuda mutua son sin duda los más aptos”. Desde entonces, la ciencia ha revelado que las especies practican tanto la lucha como la ayuda mutua. El darwinismo, propiamente entendido, nos da una disposición dual de egoísmo y altruismo, competencia y cooperación. Darwin nació el 12 de febrero de 1809, el mismo día que Abraham Lincoln, quien también luchó por reconciliar nuestra naturaleza binaria; en su primer discurso de toma de posesión, en vísperas de la Guerra Civil dijo: “Las notas místicas de la memoria, que se extienden desde cada campo de batalla y cada tumba patriótica hasta cada corazón vivo y cada hogar sobre esta amplia tierra harán creer aun el coro de la Unión, cuando sean nuevamente tocadas, como seguramente lo serán, por los mejores ángeles de nuestra naturaleza”. ■
Michael Shermer is el editor de Skeptic (www.skeptic.com) Y autor de Por qué Darwin es Importante.
Skeptic Darwin Misunderstood On the 200th anniversary of Charles Darwin’s birthday two myths persist about evolution and natural selection By Michael Shermer
On July 2, 1866, Alfred Russel Wallace, the co-discoverer of natural selection, wrote to Charles Darwin to lament how he had been “so repeatedly struck by the utter inability of numbers of intelligent persons to see clearly or at all, the self acting & necessary effects of Nat Selection,that I am led to conclude that the term itself & your mode of illustrating it, however clear & beautiful to many of us are yet not the best adapted to impress it on the general naturalist public.” The source of the misunderstanding, Wallace continued, was the name itself, in that it implies “the constant watching of an intelligent ‘chooser’ like man’s selection to which you so often compare it,” and that “thought and direction are essential to the action of ‘Natural Selection.’” Wallace suggested redacting the term and adopting Herbert Spencer’s phrase “survival of the fittest.” Unfortunately, that is what happened, and it led to two myths about evolution that persist today: that there is a prescient directionality to evolution and that survival depends entirely on cutthroat competitive fitness. Contrary to the first myth, natural selection is a description of a process, not a force. No one is “selecting” organisms for survival in the benign sense of pigeon breeders selecting for desirable traits in show breeds or for extinction in the malignant sense of Nazis selecting prisoners at death camps. Natural selection is nonprescient—it cannot look forward to anticipate what changes are going to be needed for survival. When my daughter was young, I tried explaining evolution to her by using polar bears as an example of a “transitional species” between land mammals and marine mammals, but that was wrong. Polar bears are not “on their way” to becoming marine mammals. They are well adapted for their arctic environment. Natural selection simply means that those individuals with variations better suited to their environment leave behind more offspring than individuals that are less well adapted. This outcome is known as “differential reproductive success.” It may be, as the second myth holds, that organisms that are bigger, stronger, faster and brutishly competitive will reproduce more successfully, but it is just as likely that organisms that are smaller, weaker, slower and socially cooperative will do so as well. This second notion in particular makes evolution unpalatable for many people, because it covers the theory with a darkened patina reminiscent of Alfred, Lord Tennyson’s “nature, red in tooth and claw.” Thomas Henry Huxley, Darwin’s “bulldog” defender, promoted this “gladiatorial” view of life in a series of popular essays on nature “whereby the strongest, the swiftest, and the cunningest live to fight another day.” The myth persists. In his recent documentary film Expelled: No Intelligence Allowed, Ben Stein linked Darwinism to Communism, Fascism and the Holocaust. Former Enron CEO Jeff Skilling misread biologist Richard Dawkins’s book The Selfish Gene to mean that evolution is driven solely by ruthless competition, both between corporations and within Enron, leading to his infamous “rank and yank” employee evaluation system, which resulted in massive layoffs and competitive resentment. This view of life need not have become the dominant one. In 1902 the Russian anarchist Petr Kropotkin published a rebuttal to Huxley and Spencer in his book Mutual Aid. Calling out Spencer by phrase, Kropotkin observed: “If we . . . ask Nature: ‘who are the fittest: those who are continually at war with each other, or those who support one another?’ we at once see that those animals which acquire habits of mutual aid are undoubtedly the fittest.” Since that time science has revealed that species practice both mutual struggle and mutual aid. Darwinism, properly understood, gives us a dual disposition of selfishness and selflessness, competitiveness and cooperativeness. Darwin was born on February 12, 1809, the same day as Abraham Lincoln, who also struggled to reconcile our binary natures in his first inaugural address on the eve of the Civil War: “The mystic chords of memory, stretching from every battlefield and patriot grave to every living heart and hearthstone all over this broad land, will yet swell the chorus of the Union, when again touched, as surely they will be, by the better angels of our nature.” ■ Michael Shermer is publisher of Skeptic (www.skeptic.com) and author of Why Darwin Matters.
Etiquetas: Charles Darwin, Darwin, mal entendido |
posted by Algo de música y Tal vez otras cosas @ 3:46 p.m. 
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| lunes, 16 de febrero de 2009 |
"En septiembre de 1832, durante el primer año de su misión, el Beagle ancló cerca de Bahía Blanca, una población en la cabeza de una bahía a unos 650 kilómetros al suroeste de Buenos Aires. Cierto general Rosas libraba una guerra genocida contra los indios y Bahía Blanca se mantenía como un puesto de avanzada fortificado, principalmente ocupado por soldados"
 Respuesta de Julio A. a esta afirmación:
La calificación de "genocida" a Rosas es excesiva, producto de la ligereza de los autores y de la ignorancia de las condiciones históricas en la Argentina. La época de la llegada de Darwin a la Argentina fueron como casi todo el siglo XIX, de suma turbulencia política de guerras civiles encarnizadas y sin cuartel. En el caso especial de la frontera sur, se agregaba el problema del indio. Siempre hubo conflictos con los naturales, y Juan Manuel de Rosas mismo se crió en ese ambiente. Uno de sus tíos murió en una emboscada de los indios pampas. El aborigen de la Pampa adoptó de los españoles el caballo, que lo liberó de las lentas marchas a pie y le proveyó de alimento fácil, con los ganados vacunos, caballares y ovinos de las estancias. También desarrollaron nuevas tácticas de guerra, con la adopción de guerra de movimientos, con dispersión en pequeños grupos y luego concentración sorpresiva en masas de miles de jinetes. Esta guerra de malones era cruel: robaban todo lo que pudiesen, masacraban a los hombres y llevaban cautivas a las mujeres y a los niños. Los cuerpos guerreros indígenas intervinieron en casi todas las guerras civiles, y no eran indios solo de la Pampa: en la batalla del Puente de Márquez (1829), la caballería porteña fue arrollada por los jinetes mocovíes (chaqueños) que traía el gobernador santafesino Juan Estanislao López. Medio siglo más tarde, en la batalla de "La Verde", entre mitristas y sarmientistas, donde es muerto el abuelo de Borges, el coronel Francisco Borges, había "auxiliares" (un eufemismo para ocultar que eran "indios") en ambos bandos. El hecho fue que capturaron a Cipriano Catriel (hermano de Curiecú, Juan José Catriel), quien combatió en el bando mitrista. Luego, los vencedores, en un acto traidor e innoble, lo entregaron a sus propios "auxiliares" (otros indios, aliados al bando vencedor y enemigos de los Catriel), que lo mataron con terribles tormentos. Por otra parte, los "huincas" (así llamaban a los blancos, los indios de la pampa) también se metían en las guerras civiles de los indios. Y había indios que se pasaban a los huincas y blancos que se pasaban a los indios. Un caso interesante es el coronel Baigorria, un puntano de San Luis que, para salvar su vida (su bando perdió en la contienda interna), y librarse del seguro degüello, escapó al desierto y vivió más de veinte años entre los ranqueles. Con el tiempo, no solo llegó a ser un capitán respetado por los indios sino que también tenía un gusto particular: siempre les pedía a los indios que iban a maloquear a las poblaciones blancas, que le traigan libros. Convengamos que este prohombre tiene los méritos suficientes para que lo consideremos un prócer de "LIBROS GRATIS", aunque sus procedimientos creo que están fuera de época en los tiempos actuales. Escribió el Coronel Baigorria, a su regreso a los "huincas", sus "Memorias", que son interesantísimas. Tan es así, que presté el libro y no lo volví a ver. No fue a un malón, fue a un amigo. Para no extenderme, vemos que las formas de guerra en la Pampa no fueron nada civilizadas. Lo natural es que en la guerra de la pampa, ya sea blanco contra blanco, blanco contra indio o indio contra indio, no se tomasen prisioneros, y no lo hacían salvo en contadas ocasiones y, en general, por algún interés particular. Como sea el intercambio de hombres principales, niños y mujeres, por rescate en dinero o mercadería o de prisioneros mutuos. El asunto es que el jovencísimo Darwin, con sus apenas 23 años, estudiante de una universidad inglesa y candidato a pastor anglicano, llegó al campamento de Rosas, cuando este había ordenado la ejecución por degüello de los prisioneros. Y, como es natural, lo horrorizó. Luego, tuvo otros encuentros con el brigadier Rosas, y éste no solo le dio un salvo conducto, sino que le proporcionó una custodia de gauchos enrolados. Ese viaje a caballo por la llanura sin fin, fue inolvidable para el jóven naturalista inglés. Las observaciones de Darwin en su diario son reveladoras y tuvo siempre una gran admiración por el gaucho, el criollo de la pampa.Asi lo describió Darwin: "Durante los últimos seis meses, he tenido lo oportunidad de apreciar en algo la manera de ser de los habitantes de estas provincias [del Plata]. Los gauchos u hombres de campo son muy superiores a los que residen en las ciudades.
El gaucho es invariablemente muy servicial, cortés y hospitalario. No me he encontrado con un solo ejemplo de falta de cortesía u hospitalidad. Es modesto, se respeta y respeta al país, pero es también un personaje con energía y audacia."
En otras líneas de sus diarios, lo consideraba al gaucho un "gentleman" (textual y viniendo de un inglés ...). Ya anciano, poco antes de su muerte, le preguntaron a Charles Darwin, cuando fue más feliz en su vida. Su respuesta sorprendió: Nunca olvidó los días de su viaje por la Pampa, a caballo, con un puñado de jinetes, desde las salinas de Carhué hasta Buenos Aires. Fueron esos sus días de libertad, lejos de las órdenes de un capitán, de todo soberano, de toda ley, de toda sociedad represiva, librados a sus fuerzas, señores de toda la pampa, desde la monta de un buen caballo. Es lo que experimentaban muchos europeos y argentinos (para mí Guillermo E. Hudson, es argentino) en nuestro país.Pero no hay que engañarse, esos "gentlemen" de Darwin, los gauchos, eran también bravos soldados, duros para sobrevivir y también, crueles con sus prisioneros. Es inútil que tratemos de esconder la realidad de una época bravía, no apta para espíritus delicados. En ese ambiente, la "selección natural" eliminaba rápido a los blandos. Fueron los "Pampas", los indios jinetes de la llanura, los maestros de quienes aprendió Rosas, como todos los otros en las milicias argentinas, las artes de guerra en la llanura. Y no creo que sea correcto calificarlo de genocida: no tengo pruebas, pero sospecho que los degolladores de indios en las Salinas pueden muy bien, haber sido otros indígenas, de los que acompañaron a Rosas en la campaña de 1832 -1833. Las "guerras fratricidas" no eran exclusividad de los "huincas". Y los ejemplos de matanzas entre indios, eran abundantes.
Julio AA de Antirrosista
Etiquetas: Charles Darwin, Darwin, huincas, indios, Juan Manuel de Rosas, Julio Argentino, Rosas |
posted by Algo de música y Tal vez otras cosas @ 7:48 a.m. 
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| sábado, 14 de febrero de 2009 |
La BBC de Londres hizo una serie inspirada en el libro "El Viaje del Beagle" sobre el viaje que realizó Charles Darwin recorriendo el mundo en el Beagle.
Según lo que dice el site: About Darwin, el video no puede ser exhibido de nuevo por problemas de copyright y contractuales.
También agrega:
" "The Voyage of Charles Darwin" was produced by Christopher Ralling and starred Malcolm Stoddard. The ISN number is 0467-58660, and the Library of Congress catalog number is 68991532 (they have one copy of the video in their collection). "
Etiquetas: Darwin, darwinrap, viaje |
posted by Algo de música y Tal vez otras cosas @ 7:01 a.m. 
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| lunes, 2 de febrero de 2009 |
Charles Darwin

SALGAMOS DEL DARWINISMO Olivia Judson. Publicado por el NY Times, julio 15 de 2008. Charles Darwin fue un gigante. Escribió Sobre el origen de las especies – que es uno de los libros más importantes que hayan sido escritos – en el cual él describe cómo funciona la selección natural y cuáles son algunas de sus consecuencias e implicancias. También escribió -y el listado no es exhaustivo- un tratado sobre la formación de las barreras de coral, al que todavía se considera correcto; una monografía sobre los percebes, tanto extintos como existentes; un libro sobre la forma en que las lombrices hacen suelos; un texto clásico sobre las plantas carnívoras (aquellas que, como la cazamoscas Venus, atraen y digieren insectos); un libro sobre las extraños mecanismos a los recurren las orquídeas para ser fertilizadas; y un relato de los cinco años que pasó a bordo del barco HMS Beagle, transformado en un clásico entre los libros de viaje. Como si no fuera poco lo anterior, planteó la selección sexual –la idea de los adornos y los ornamentos, ejemplo: colas de los pavos reales, evolucionan porque las hembras de muchas especies prefieren aparearse con los machos más bellos. La selección sexual se ha transformado, desde entonces, en un campo relevante de investigación por su propia importancia. Resumiendo, Darwin hizo mucho más que lo que la mayoría de nosotros lograría hacer en dos vidas. Pero su gigantismo ha tenido una extraña y problemática consecuencia. Es una tendencia a que todos lo cuestionen. “¿Por qué Darwin se equivocó respecto de X?”; “¿Estaba Darwin equivocado sobre Y?”; “¿Qué no sabía Darwin sobre Z?” –estos son encabezados comunes en diarios y revistas, tantos en temas de biología como de literatura general. Además existen estas palabras: Darwinismo (a veces utilizada con el prefijo “neo”), Darwinista (vale también el agregado), Darwiniano. ¿Por qué esto es un problema? Porque todo resulta groseramente engañoso. Se supone que Darwin fue el principio y el fin, el alfa y el omega de la evolución biológica y que el tema no ha variado mayormente en los 149 años transcurridos desde la publicación de Sobre el origen de las especies. Él no fue, y sí hubo cambios. Aun cuando muchas de sus ideas- selección natural y sexual entre ellas- permanecen como piedras fundamentales de la evolución biológica moderna, el conjunto se ha transformado en su totalidad. Si tuviésemos una máquina del tiempo y trasladásemos a Darwin al presente, éste habría de encontrar gran parte de la biología de la evolución ininteligible – por lo menos hasta que dispusiese de tiempo necesario para estudiar genética, estadística y computación. ¡Habría tanto para contarle! Una lista completa me demandaría semanas para escribirla. El tema obvio para empezar ha de ser los descubrimientos en genética, en especial el ADN. Tendríamos que explicarle que cada célula de un organismo contiene el código que describe la construcción del organismo, escrito en forma química –ADN- y que las fuerzas de la evolución están constantemente reescribiéndolo. En realidad, el estudio del ADN nos permite ver la acción de la selección natural considerando molécula por molécula. Podemos ver los genes sobre los cuales la selección natural actúa, tanto para impedir el cambio evolucionario, como para empujar el cambio o para que no tengan efecto alguno. Está, además, la fusión de la genética con la selección natural, que ha expandido ampliamente nuestra comprensión sobre cómo esta última puede trabajar. Por ejemplo, nos ha llevado a descubrir que no sólo forma individuos –el largo de un pico o el color de una aleta. También puede actuar sobre grupos familiares y así dirigir la evolución hacia la cooperación y otros comportamientos altruistas. La razón está en que el éxito de la evolución puede ser medido por el número de los genes con que un individuo contribuye a la siguiente generación. Quien muera sin reproducirse no tiene contribución directa alguna. Pero dado que los individuos tienen algunos genes en común con los miembros de su familia, pueden tener una contribución genética indirecta si los ayudan a reproducirse en lugar de ser ellos los que se reproducen. Esta “selección familiar” se piensa que ha contribuido a la evolución de los insectos que viven en sociedad –especialmente hormigas, abejas, avispas y termitas- donde sólo algunos miembros se reproducen y todo el resto cuida de las crías. Nos gustaría discutir la evolución mas allá de la selección natural –las otras fuerzas que a veces pueden causar (o prevenir) el cambio evolutivo. Aun cuando la selección natural es la única fuerza creativa en la evolución –la única que produce estructuras complejas tales como alas u ojos- no es la única fuerza que establece cuáles genes se distribuirán y cuáles han de desaparecer. Y…, y…, y… ¿Y qué entendería Darwin de todo esto? Pienso que su reacción sería una mixtura de satisfacción y asombro. Satisfacción: porque la selección natural se ha transformado en una idea muy poderosa, explicando un amplio rango de fenómenos. Asombro: por la misma razón. Estará, pienso, fascinado con la insólita historia natural que se ha descubierto en los pasados 150 años –casos como la Wolbachia, bacteria que modifica la reproducción de insectos buscando sus propios objetivos. (La Wolbachia puede tener varios efectos, pero uno de los más comunes es la de matar todos los descendientes machos de una hembra. La razón es que los machos no transmiten la Wolbachia, por lo que, para la bacteria, esto es una pérdida de espacio.) No creo que él se entretendría analizando las secuencias del ADN –pueden parecerle un tanto abstractas respecto del organismo vivo –pero se me hace que estaría encantado en conocer los resultados. Me parece que lo conmocionaría todo lo que conocemos de los llamados organismos modelos –gusanos, sapos, moscas de la fruta, ratas, seres humanos y la bacteria E.coli- y lo poco que sabemos sobre todo el resto. Y pienso que se asustaría por la naturaleza de la investigación científica –la escala de las empresas, el costo, las presiones para publicar y el grado de especialización resultante. Su clase de ciencia –pasó 20 años pensando antes de publicar- no tendría lugar en la actualidad. Pero estoy divagando. Retorno a mi argumento: quisiera abolir los insidiosos términos Darwinismo, Darwinista y Darwiniano. Estos sugieren una falsa estrechez del campo de la evolución biológica moderna, como si ésta fuera la creación de una única persona que vivió 150 años atrás, en lugar de un sujeto vasto, complejo y evolucionante, al que muchas otras grandes figuras han contribuido. (La ciencia estaría en un triste estado si un hombre, 150 años atrás, hubiese ya descubierto todo y no quedase nada más por decir). Si todo se enfoca en Darwin, de manera obsesiva, siempre preguntando si estaba en lo correcto en esto o en aquello, como si el descubrimiento de algo que él no pensó o no conoció descalifica o amenaza todo el emprendimiento de la evolución biológica de hoy. No es así. Es mi predicción que, en los años futuros, continuaremos refinando el conocimiento de la selección natural y descubriendo nuevos caminos para conformar genes y genomas. Dado que la información genética continúa inundando los bancos de datos, podremos preguntarnos sobre manejos detallados de la evolución, situación que no tenía respuesta anteriormente. Todavía en muchos casos –y en tanto se mantenga la forma actual de enseñar la biología- la evolución es únicamente la historia de Charles Darwin. Luego se da vuelta la página y todos se ponen a estudiar cómo funciona el corazón, cómo las plantas generan energía partiendo de la luz del sol , o algún otro aspecto. El concepto evolucionista unifica la biología, permitiendo plantear preguntas e investigar la gloriosa diversidad de la vida –que con lo anterior se ignora. Darwin fue un hombre excepcional y el principal fundador de la biología de la evolución. Pero la suya fue la primera afirmación sobre el tema, no la última. Llamar a la biología de la evolución “Darwinismo” y a la evolución por selección natural “Darwiniana” es como llamar a la ingeniería aeronáutica “Wrightismo” y “Wrightianos” a todos los vehículos voladores desarrollados según los planteos de los hermanos Wright, pioneros en esa actividad. El mejor tributo que podemos tener para con Darwin es de llamarlo fundador – y dejarlo allí. Muchas personas han tenido un –ismo agregado a su nombre. Muy pocas pueden decir, con la verdad, que han dado a luz un campo entero de la ciencia moderna. Notas: Un detalle completo del rango de actividades y logros de Darwin puede ser hallados en las varias biografías publicadas. Muchas de estas son culpables del esquema “ ¿Estaba Darwin equivocado?” y algunas de las mayores discusiones de la biología de la evolución moderna se han referido a la validez de la evolución “no Darwiniana”. Varios libros de cultura popular discuten temas de la moderna biología de la evolución; uno de los mejores es “Ancestor’s Tale”, de Richard Dawkins. Mucho se ha escrito sobre la matanza de machos de la Wolbachia, véase, por ejemplo, Jiggins, F. M., Hurst, G.D.D., Dolman, C.E. y Majerus, M.E.N. 2000. “High prevalence male-killing Wolbachia in butterfly Acraea encedana” Journal of Evolutionary Biology 13, 495-501. Este artículo ha sido inspirado (como otros muchos) en una conversación con Oliver Morton – muchas gracias, como siempre. Gracias también a Don Haydon, Gideon Lichfield, Dimitri Petrov, Daniel Richler y Jonathan Swire por clarificaciones, comentarios y sugerencias. Olivia Judson

Traducción: viejo lector
Etiquetas: Darwin, darwinismo, evolución, new york times, olivia judson, traducción |
posted by Algo de música y Tal vez otras cosas @ 3:28 a.m. 
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