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JULIA OZORIO GAMECHO Y SU LIBRO “UNA ROSA Y MIL SOLDADOS”
Desgarradora historia de una esclava sexual en los tiempos de Stroessner
Julia Ozorio Gamecho (53) fue “reclutada” cuando tenía 13 años por los “cazadores de niñas” y se convirtió en la esclava sexual del temerario coronel Pedro Julián Miers, vicecomandante del Regimiento Escolta Presidencial durante la dictadura de Alfredo Stroessner. Cuando recuperó su libertad, huyó a la Argentina, donde vive actualmente. Atormentada por los recuerdos que no la dejan vivir en paz, esta semana salió del anonimato tras entregar un ejemplar de su libro “Una rosa y mil soldados” a Humberto Rubín.
Ayer conversó con ABC Color para contar su verdad.
Más de cuatro décadas atrás la vida de Julia Ozorio era el de una niña inocente de guardapolvo blanco que no sabía pronunciar el apellido de Stroessner, lo que la dejó muchas veces sin recreo. No entendía el motivo, como tampoco lo entendió cuando fue arrancada de su pueblo natal, la compañía Isla Guavirá de Nueva Italia, el feudo de los Sanabria Cantero y los Miers.
Ahora está de paso por Paraguay, luego de 37 años de vivir encerrada en un barrio muy humilde de Buenos Aires. Divulgar el libro ya le trajo mucho temor y dolores de cabeza. Su teléfono suena a las 02:00 de la madrugada con amenazas. Ella cree saber de dónde provienen, pero saca fuerzas para seguir adelante.
Al atardecer de ayer así transcurrió la conversación con ABC Color.
-¿Qué la movió a escribir este libro?
-Aguanté mucho y no quiero irme de esta tierra sin contar mi verdad. Durante largo tiempo fue mi veneno. Años y años iba al sicólogo y hasta siquiatras. No podía dormir, no me podía curar. Entonces uno de mis siquiatras me dijo “animate a escribir, yo te voy a ayudar, eso te hará bien”. -¿Ahora se siente mejor?
-Pareciera que estoy un poco más alivianada. Pero jamás se me va a curar la herida por lo que pasé. No sabés lo que es despertarte asustada, soñando cada noche con todos los militares, con las cosas que pasé. Jamás me olvidé de todo eso.
-¿De dónde viene el título del libro?
-Un día yo estaba en Curuguaty sentadita sobre una roca con mi uniforme de soldado. Pasó un soldadito de ojos azules que me preguntó ¿Cómo te llamás, nena? Le respondí, Pulguita. Y él me dijo “¿por qué ese nombre tan feo si parecés una rosita, una rosita que está entre los soldados?”. Yo traduje aquello a mi modo. No sé si me habrá mirado como mujer dentro de la ropa de un soldado... Pero allí nació el nombre.
-¿La llevó mucho tiempo escribir?
-Me llevó dos años y medio escribir. Cada vez que hacía una página lloraba 15 minutos y decía barbaridades que me venían a la mente. Yo misma no podía creer lo que me había pasado. Tomaba sedantes. Me ponía un nombre de fantasía “Vicky” o “Mónica” para no decir “Julia escribí tu historia”. Me costó muchas lágrimas hacer esto. Empezaba a la noche y amanecía. Luego me ayudó un sobrino. La llevé a una imprenta, pues no tenía dinero para una Editorial muy conocida. Muchos lloraron con mi historia.
-¿Cuánto tiempo estuvo cautiva?
-Dos años. Desde los trece recién cumplidos hasta los 15. El coronel Miers decía que cuando uno tenía 15 años ya era una mujer vieja y que hay que devolverla o tal vez matarla de una vez.
-¿Se liberó y se fue a Buenos Aires?
-Sí. Tenía 15 años y fui sola con el documento de mi hermana mayor, caso contrario no me iban a dejar entrar por la edad. Me casé con un argentino y venía de vez en cuando, a escondidas.
-¿Volvió a ver a sus padres?
Julia Ozorio Gamecho.
-A mi mamá la volví a ver luego de mucho tiempo, pero no es lo mismo. Siempre hubo un resquemor, indiferencia. No le culpo a mi familia. Tal vez mi madre tenía su cachorrita para defender a mis otros hermanos y no pudo hacer nada del miedo. No le puedo culpar de todo. Mis hermanos eran todos menores. Mi padre ya falleció. Nunca más lo volví a ver.
-¿Podría recordar el día en que fueron a buscarla los cazadores de niñas?
-Apareció en mi casa el coronel Miers con dos soldados y miró a mis dos hermanas. No sé, seguramente las catalogó como no de su agrado, o que ya no eran vírgenes. Elegían siempre a la nena más pequeña de trece años, piel blanca y rubita. Me llevaron a la camioneta. Yo solo hablaba guaraní, como en toda la campaña en mi generación.
-¿Cómo fue su primer encuentro con el coronel Miers?
-Llegamos a la fábrica de Laurelty donde había soldados y civiles que estaban al cuidado del lugar. Cuando me bajé amagué escapar. Pero me paró y me dijo en tono militar: “un momento, Pulguita. Aquí no hay salida. Así que no intentes escapar de aquí”. Yo que era tan flaquita y de pelo largo, me alzó con una sola mano y me llevó a su amplio dormitorio y me dijo que no llorara. “Por acá pasaron muchos niños, algunos salían con vida y otros no”. Me desnudó y me miró por largo rato y me dijo: “eres una niña muy bonita. Espero que seas virgen como me imagino”. Me encontró sanita como él quería. Así pasó esa noche increíblemente cruel. Era un señor borracho, tomaba whisky día y noche.
-¿Quedaba sola el resto del tiempo?
-Me quedaba con la gente de la fábrica que trabajaba allí. El coronel venía dos veces al mes. Me escapaba, por así decir, y hablaba con los soldaditos, pero nunca los conocía por nombre sino como Cabezón, o algo así. Allí fui olvidándome de mi gente y salía a jugar en la arena. Escribía en el suelo. No tenía ningún papel. Había otras niñas pero hablaba muy poco con ellas. No sé por qué. Y cuando el coronel me dijo que dos habían muerto, parecería que no sabía nada de lo que significaba eso, ni por qué. ¿De qué murieron?, le dije, pensando que era tal vez una gripe. Pero era porque “eran negras y lloronas”. “Ni el llanto de mi madre me conmueve, así que no empieces a lloriquear”, dijo. Cuando estaba borracho saciaba su lujuria hasta no poder más.
-¿Ud. habla en el libro de que la exponía a otros hombres?
-A veces me hacía caminar desnuda entre los soldaditos...
-¿Quién le daba de comer?
-Cocinaban los soldados y había un señor que cuidaba a las chicas. Me hacía polenta de gallina, mezclada con arroz. Recogía millones de huevos, pero el desgraciado, jamás incluyó en mi comida un solo huevo. Pero no importa, el diablo le estará haciendo buena compañía ahora.
-¿Ud. cuenta que solo dos veces al mes le permitían bañarse?
-Eso es totalmente cierto. Todo es cierto. Una sola vez me compró para llevarme a un casino cuando ya estaba por cumplir los 14 años. Siempre usaba ropa de los soldaditos, que me quedaban grandes. Nunca me regaló un solo zapato, andaba descalza.
-¿Le pegaron con alambre de púas?
-También eso es cierto. Tengo todavía una pequeña cicatriz sobre la rodilla porque le hablé mal cuando me dijo “nuestro presidente (Alfredo Stroessner)”. Le dije algo así como que tenía cara de serpiente y que cuando sea grande voy a elegir a mi presidente, siempre en guaraní porque casi no sabía hablar el castellano. Agarró como un látigo de púa y me acusó de “comunista” y una “argentina rebelde”. Mi mamá era de origen argentino.
-¿Hablaba mucho con Ud.?
-Me contó una vez algo así como que se había quemado su auto estando hacia Clorinda una vez que fue a la pesca. Y muchas otras cosas como si yo pudiera entender y solucionar algo. Tal vez pensó que yo era como esos animalitos que le miraba al contarme las cosas. Me contó una vez cómo Stroessner subió al poder y yo le escuchaba, y escuchaba. Retenía en mi mente... Y cuando empecé a hablar más el castellano anoté todo lo que me acordaba.
DESAPARECIDOS PASIONALES Y AMIGOS IMPUNES DE VIDELA
(Luis Agüero Wagner)
El 26 de abril de 1977 el empresario argentino Fernando Branca llegó como de costumbre al departamento que compartía con su cónyuge cuando al intentar entrar se llevó una sorpresa. Un oficial naval le impedía entrar en su propia casa.Nada más y nada menos que el temible Almirante Massera, alias el Negro, estaba revolcándose con su esposa Marta Rodríguez McCormack (que a la vez era amante del jefe naval) y había dado órdenes de no ser molestado, y mucho menos por el marido de su acompañante.
Dos días después, el 28 de abril de 1977, como para resarcir su descortesía, Massera invitó a Branca a navegar por el río de la Plata en su lujoso yate, travesía durante la cual el empresario se ausentaría para siempre.Tres meses más tarde, la madre del empresario Isolina Margarita Maltaneri de Branca, presentó un recurso de hábeas corpus a favor de su hijo desaparecido, pero para entonces los pundonorosos soldados que enviaron a sus reclutas sin abrigos ni pertrechos a enfrentar a la Royal Navy en las islas Malvinas ya estaban subastando las propiedades del ausente.
Aunque cueste creerlo, los miembros del Grupo de Tareas 3.3.2 de la Armada argentina llegaron a montar una inmobiliaria para la refacción y venta de los inmuebles de los desaparecidos.
Un epílogo parecido tuvo la historia del capitán José Antonio Valiente, primer marido de Graciela Pappalardo y cuñado de Teófilo Conrado Pappalardo, jefe de Ceremonial del Estado durante la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay y reconocido operativo del Plan Cóndor, como proveedor de pasaportes a los asesinos de Orlando Letelier. José Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar “Felsina”, fue ultimado en nebulosas circunstancias en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar con el que Videla y Massera derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976. Según documentos obrantes en el Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período de mayor auge de la sangrienta represión.
Algunos familiares hoy aseguran que José Antonio Valiente tuvo una hija de nombre María Adelaida, a quien se le habría cambiado el apellido con el mismo modus operandi de la represión del Proceso de Reorganización Nacional.
El crimen de José Antonio Valiente nunca fue aclarado, las autoridades argentinas en ese momento estaban muy ocupadas perpetrando un genocidio contra su propio pueblo para investigar el asesinato de un paraguayo en la capital federal. Así el empresario gastronómico desapareciósin dejar rastros y sin que su nombre figure siquiera entre los miles de desaparecidos en la Argentina entre 1976-83.
El matrimonio de Graciela Pappalardo con José Antonio Valiente fue anulado por el Juez Angel Roberto Seifart, quien luego sería vice-presidente del Paraguay, así que Graciela Pappalardo no tuvo inconvenientes para contraer nupcias con el empresario periodístico Aldo Alberto Zucolillo Moscarda, director y propietario del diario ABC color y hoy entusiasta impulsor de la candidatura del obispo Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay.
Pero las coincidencias entre el tenebroso “proceso” argentino y sus impunes amigos paraguayos van más allá del paralelismo entre estos hechos, dado que el propietario del medio más influyente de la capital paraguayase destacó también por su intransigente defensa de las dictaduras de Stroessner, Pinochet y Videla, entre otros subproductos de la política exterior norteamericana.
Al conocerse a principios de marzo en Asunción la próxima visita de Videla, ABC color publicaba su recordado editorial donde criticaba al presidente Jimmy Carter por su énfasis en la promoción de los Derechos Humanos y defendía al proceso argentino sentenciando que al presidente norteamericano le era muy fácil pontificar lejos del problema. Por las mismas fechas eran apresados en Asunción Alejandro José Logoluso y Marta Landi, entregados a los sicarios de Videla por las fuerzas represivas paraguayas. Los grupos de tareas de Pastor Coronel tampoco se apiadarían de José Nell, paralítico desde que recibió una bala en los disturbios desatados en Ezeiza por el retorno de Perón.
Quedaron como mudos testigos de estos traspasos una ficha policial de la Dirección de Registro de Extranjeros paraguayos de la desaparecida argentina Dora Marta Landi Gil, que está fechada en Asunción en marzo de 1977; una tarjeta del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Marta Landi, que está registrada en Asunción el 10 de marzo de 1997; y un informe de la policía de Asunción, donde se notifica que Marta Landi (argentina), Alejandro José Logolusso (argentino), José Nell (argentino) y otros han sido expulsados del país. Este informe policial está fechado el 16 de mayo de 1977. Entre los documentos, también destacan un registro de vuelo en el que se acredita que, el 16 de mayo de 1977, el capitán de corbeta José Abdalá, (alias Turco) trasladó a Landi Gil y a su compañero, Alejandro José Logolusso, de Asunción a Buenos Aires.
Luego de las debidas medidas profilácticas y barridas de subversivos, el 20 de abril de 1977, era recibido por Stroessner con los honores correspondientes, el Teniente General Jorge Rafael Videla, quien llegaba al Paraguay acompañado de su esposa Alicia Raquel Hartidge. A la noche se llevó a cabo una recepción de gala en el Palacio de Gobierno de Asunción, donde no faltaron los pundonorosos y austeros luchadores por la libertad de expresión, que aún no habían sido seleccionados por la embajada norteamericana como propagandistas de la democracia tutelada.
Desafortunadamente, el almirante Massera no se contaba esa noche entre los invitadosdel tiranosaurio Stroessner, dado que para esa misma semana había hecho otros compromisos y debía emprender un distendido paseo en yate por el Plata.
Solano López asistiendo a Napoleón III en el Campo de Marte, durante su estadía en Francia, en maniobras del ejército francés
Hugo Chávez y los protegidos de George W. Bush
(Luis Agüero Wagner*)
"El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante y el que comprendiendo no actúa tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra"(Rodolfo Walsh).
La vulnerabilidad de los servicios de la DISIP (inteligencia de la Venezuela Bolivariana) ha quedado nuevamente en evidencia el viernes 7 de los corrientes a las 02:00 pm, cuando un grupo de privilegiados beneficiarios del Plan Umbral y de los dólares que distribuye el complejo IAF-NED-USAID en nombre del emperador George W. Bush, expusieron en un coqueto hotel de Caracas sus puntos de vista en nombre de la “izquierda” paraguaya.
Se trata –cuando no- de nuestro inefable guevarista financiado por la CIA Camilo Soares, y la gran admiradora de Rosa Luxemburgo al servicio del Plan Umbral del imperio, la concejala Rocío Casco, ambos aliados de Alfredo Jaegli y de pervertidos que utilizan el Senado paraguayo como cibercentro pornográfico, además de niñas bonitas de la prensa subsidiaria de la National Endowment for Democracy.
En el proletario Penthouse Hotel Arauco Suites de Caracas, Camilo Soares, Rocío Casco, Ignacio González y Marcelo Lachiexplicaron el viernes a la tarde a la prolífica catedrática marxista chilena Marta Harnecker los secretos de su éxito, es decir, cómo la izquierda paraguaya puede financiarse con dólares de W. Bush, aliarse con el último partido Liberal Conservador que electoralmente queda en pié en América Latina, recibir apoyo de la prensa pro-imperialista y promover a un candidato proveniente de la iglesia liderada por el ex militante de las juventudes hitlerianas Joseph Ratzinger.
También para los incautos no está demás puntualizar que el PMas, a través de su ONG madre la Casa de la Juventud fue la primera organización en recibir financiamiento de la Fundación Interamericana (IAF, bajo control de Bush) y actualmente sigue recibiendo fuertes sumas de USAID para promover el Plan Umbral Paraguay , donde tenemos el gusto de contar como cabeza de la diplomacia imperial al ilustre Mister James Cason.
A este grupo transformista que es bien conocido por estos vínculos, además de por su coqueteo con la prensa ultraderechista, por usurpar íconos de otras agrupaciones y por sus prácticas divisionistas, oportunistas y sectarias, ahora se le ha sumado el director de la revista Novapolis del senador José Nicolás Morínigo, quien abandonó el filizzolismo porque priorizaba el aporte de dinero a la hora de confeccionar sus listas, para ir a arrojarse a los brazos de los guevaristas financiados por George W. Bush.
A nuestra apreciada Marta Harnecker le hubiéramos sugerido ir munida de un detector de mentiras para su entrevista colectiva, y eso sin subestimar la envergadura intelectual de quien elaborara los cuadernos de educación popular que distribuyera entre la clase obrera chilena el gobierno de Salvador Allende.
Una anécdota de la guerra fría recuerda que en una oportunidad el líder soviético Nikita Kruschev propuso en sorna a su contraparte estadounidense unificar presupuestos de la CIA y la KGB para ahorrar dinero, considerando que muchos de los agentes de ambos servicios filtraba información a sus antagonistas, en un tráfico de secretos que en ese tiempo era un floreciente negocio. La humorada de Kruschev hoy podrían recogerla sin inconvenientes la DISIP venezolana y la oficina que hoy ocupa el generalMichael Hayden en Langley, Virginia.
En Mayo del año 2004, por la misma época que los guevaristas de la casa de la Juventud recibían su primer aporte de 127.000 dólares de Bush, Martha Hanecker escribía un artículo publicado en Rebelión donde acusaba a la oligarquía venezolana de importar soldados al no poder reclutarlos en Venezuela.Unos días antes habían sido arrestados más de un centenar de integrantes del Bloque Norte de Santander de las Autodefensas Unidas de Colombia, quienes planeaban perpetrar atentados indeterminados contra Chávez bajo el mando de un coronel de la Fuerza Aérea Venezolana.Tambien participaban del complot el cubano miamiense Robert Alonso y un prófugo de la justicia venezolana, Gustavo Quintero Machado.
A las denuncias de Harnecker podemos añadir que de persistir Hugo Chávez en apadrinar a los protegidos de George W. Bush, se habrá evidenciado que no sólo la oligarquía de Caracas importa soldados para su contrarrevolución antichavista, también lo hacen las instituciones abocadas al relacionamiento internacional que financia el gobierno de Hugo Chávez para exportar su revolución bolivariana, al convocar como referentes a nuestros incorruptibles guevaristas del PMAS.
* El autor esescritor e investigador paraguayo, autor de “Las Banderas de Mitre” y “Fuego y Cenizas de la Memoria”
El Ejército Argentino, cuyas unidades recuerdan con sus nombres a soldados eminentes que lucharon por la libertad argentina y americana o efectuaron sustanciales aportes al país, ha denominado Mariscal Francisco Solano López al Grupo de Artillería Blindada 2, de Rosario Tala, Entre Ríos. Es decir, ha reconocido de ese modo, el 14 de septiembre último, presuntos méritos extraordinarios a quien, como mandatario de Paraguay, dispuso, en 1865, la invasión del territorio argentino, provocó enormes daños, muertes de inocentes y el cautiverio de mujeres correntinas que soportaron crueles sufrimientos por su orden, obligando a una reacción militar que costó ingentes sacrificios al país.
La Argentina, posteriormente aliada con Brasil y Uruguay -ya en lucha contra López-, libró una sangrienta contienda de cinco años y se vio obligada a enfrentarse con un ejército heroico como el paraguayo, que soportó, como el resto de aquel pueblo, las increíbles vejaciones del dictador, que, con vesania, llegó a ordenar la muerte de sus propios hermanos.
No es de extrañar que se haya adoptado tan absurda determinación que pone una vez más en evidencia hasta qué punto se ignora maliciosamente la historia cuando la propia presidenta electa, Cristina Fernández de Kirchner, ha señalado hace unos días a López como "ese gran patriota, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres". Lo grave es que, al expresarse de ese modo, con tono de arenga, afirmó que hablaba en nombre de todo el pueblo argentino.
La denominación de Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar de un país cuya bandera el dictador pisoteó es tan absurda como inadmisible sería que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de sus regimientos.
Discursos como los de la señora Kirchner o decisiones como la del Ejército no contribuyen a sedimentar las buenas relaciones entre pueblos hermanos, pues al traer al presente dramáticos desencuentros del pasado no hacen sino exacerbar las pasiones y perturbar los sepulcros de los protagonistas de remotos conflictos.
Finalmente, habría que recordar, cuando la presidenta electa exalta apagados enconos, que los ministerios de Educación de Paraguay y de las provincias limítrofes argentinas y brasileñas, con el apoyo de organismos del área de las relaciones exteriores, han procurado morigerar expresiones ríspidas en los textos y planes de estudio de los respectivos países. También cabría señalar que las academias de historia de la Argentina y Paraguay y los institutos históricos de Brasil y Uruguay realizaron reuniones, una de ellas en Asunción, con parecido y fraterno objetivo.
Gran indignación ocasionó entre los editorialistas del diario La Nación de Buenos Aires el elogio que hiciera del Mariscal Francisco Solano López la nueva presidenta de la república Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ante la decisión de honrar la memoria del héroe paraguayo confiriendo su nombre a un regimiento de artillería argentino.
Desenterrando un enfoque histórico decimonónico, hoy perimido en círculos académicos argentinos, desde el diario familiar de los Mitre se establecieron paralelismos entre el jefe de estado paraguayo que enfrentó a la Triple Alianza y el dictador alemán Adolf Hitler, y por extensión, entre Bartolomé Mitre y las democracias europeas que enfrentaron a la Alemania Nazi.
Se entiende la interpretación de la mandataria por su conocida militancia en el movimiento peronista de izquierdas, notoriamente imbuido de la contextualización, matización y tono que dio a su obra el gran revisionista de la historia argentina José María Rosa, ex embajador de Argentina en Paraguay durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Sobre Rosa debe precisarse que al contrario de lo señalado por los que maliciosamente lo relacionan con el general Alfredo Stroessner buscando descalificarlo, en realidad era un declarado admirador de Fidel Castro y entrañable amigo del Dr. Agustín Goiburú, acérrimo adversario de la dictadura paraguaya.
Sin profundizar sobre la evidente carga emotiva que puedan tener episodios de la historia sudamericana como la guerra del Paraguay (como se conoce en Argentina al genocidio sufrido por el pueblo paraguayo entre 1864 y 1870) para los familiares y descendientes de quien fuera jefe del ejército aliado en gran parte de ese infame capítulo de la historia, las asimétricas analogías del diario La Nación de Buenos Aires ameritan algunas observaciones que intentaré hacer tan objetivas como humanamente sea posible.
En primer lugar, Bartolomé Mitre estaba lejos de ser un Winston Churchill, quien llegó al gobierno con el voto de confianza de sus propios adversarios políticos de la Cámara de los Comunes y encabezó un gobierno de coalición durante una guerra que jamás buscó con ambiciones o intrigas, y que ya llevaba nueve meses cuando asumió el gobierno.
Quien algo conoce la historia argentina sabe perfectamente que Mitre jamás fue un jefe de estado electo en elecciones democráticas, sino un simple caudillo que detentó el poder por la fuerza de las bayonetas, que además se impusieron en la batalla de Pavón a su ocasional adversario, merced a un contubernio masónico y no por dotes militares. No era el caso de Solano López, quien accedió a la presidencia por herencia, es cierto, pero de la forma más pacífica que hubiera podido soñar una Argentina envuelta en una interminable guerra Civil cuyo casus belli era la anglofilia y los prejuicios étnicos por parte del bando porteño de Mitre. Es conocido por haber sido repetido hasta el hartazgo por la historiografía argentina el consejo que recibiera de Sarmiento de no ahorrar la sangre de los gauchos y utilizarla como abono para el país, que cumplió al pie de la letra enviando a miles de sus compatriotas al exterminio en episodios como la batalla de Curupayty.
De ese exterminio ni siquiera se salvó el hijo del ilustre boletinero de ejército de Urquiza, gaucho de las letras y montonero intelectual hoy presentado como gran educador ante la niñez argentina, el talentoso periodista Dominguito Sarmiento, quien murió desangrándose a corta distancia de las trincheras paraguayas porque Mitre y su estado Mayor negaron autorización para su rescate bajo fuego enemigo solicitado por gallardos oficiales del ejército argentino. Tal vez conociendo la indolencia y falta de cualidades de su Comandante en Jefe, el mismo Dominguito había dejado una conmovedora carta antes de la batalla presagiando tan injusta muerte en aquel hermoso día primaveral de 1866.
El escritor inglés John Berger dijo alguna vez que en algunos casos extraños la tragedia de la muerte de un hombre completa y ejemplifica el sentido de toda su vida, frase que da una clave para comprender el entrelazamiento entre Solano Lòpez y los montoneros, un lugar muy común en el revisionismo argentino, al que recurre para explicar su visión histórica con modelos que forman parte de su bagaje conceptual. El mismo Juan Bautista Alberdi había señalado a la invasión de Corrientes agitada por La Nación hoy como si estuviéramos en 1865, como un episodio de la guerra civil argentina, que había suscitado en Argentina más levantamientos contra Mitre que sentimientos adversos hacia el Paraguay, del mismo modo que los descalabros mitristas eran festejados en Entre Ríos, Catamarca, Mendoza y otros puntos de la geografía argentina con mayor entusiasmo que sus victorias.
No es del todo fácil comprender lo que un Mitre pueda sentir y opinar sobre Solano López, cuyo cadáver se pretendió desaparecer en el olvido como el de Eva Perón. Más fácil es entender la contrariedad ante la resistencia del mito paraguayo al significado de derrota donde lo quiso instalar el Poder, batalla que sigue tan vigente para los descendientes de quien prometió tomar en tres meses Asunción, y lleva 142 años fracasando en el empeño.
Luis Agüero Wagner es escritor paraguayo, autor de “Las Banderas de Mitre” y “Fuego y Cenizas de la Memoria”.