|
|
| lunes, 2 de febrero de 2009 |
Por Javier Rodríguez Marcos / El País
La publicación de tres textos inéditos de Julio Cortázar conmemoran el 25º aniversario de su muerte.
Madrid - Los chicos de la escuela le llamaban “el belgicano” porque gargarizaba las erres y porque había nacido, por casualidad, en Bruselas. Fue en agosto de 1914, en el arranque de la Primera Guerra Mundial y durante una misión de su padre en la embajada Argentina. Afable, aniñado y con ojos de gato, “larguirucho, carapálida, desgarbado y lampiño”, así recordaba a Julio Cortázar en la primera página del primer tomo de sus Obras completas(Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores) su amigo, el crítico Saúl Yurkievich, que, acto seguido, matizaba lo de lampiño a la luz de la barba con la que, en los años setenta, el escritor quiso homenajear al Che y, de paso, a Orson Welles. El 12 de febrero de 1984, muy pronto hará 25 años, el autor de Bestiario murió en un hospital de París víctima de una leucemia. Yurkievich, que estaba a su lado, contó que poco antes había pedido escuchar el último quinteto de Mozart y un solo de piano -I Ain’t Got Nobody- de Earl Hines.
Bernárdez, de 91 años, se separó de Cortázar en 1968, pero cuidó de él en sus últimos días y sigue cuidando de su legado. De hecho, presentó en Madrid una edición artística con tres textos inéditos de la serie de Historias de cronopios y famas, según Vargas Llosa, amigo de la pareja, el libro más “travieso” de Julio Cortázar. Ella fue, además, la inspiradora de esos relatos llenos de paradojas. “Un día en la villa Médicis de Roma”, contó, “le dije a Julio: ‘esta escalera es para bajar no para subir’ y él me dijo: ‘nunca lo había pensado’ ”. Ahí arrancó la colección. Caligrafiado por Josemaría Passalacqua y con ilustraciones de la artista italiana Judith Lange, los nuevos cuentos han sido publicados en tirada limitadísima -100 ejemplares- por Del Centro Editores. Los tres relatos -Never Stop the Press, Vialidad y Almuerzo- comparten el espíritu gamberro y patafísico de Historias de cronopios y de famas, publicado originalmente en 1962, es decir, justo un año antes de la aparición de Rayuela, la novela fragmentaria y total que, en forma de declaración de amor a París -“la mujer de mi vida”- consagraría definitivamente al escritor argentino como uno de los maestros del boom latinoamericano. El agobio por el trabajo y la incomunicación presentes en los nuevos textos -un cronopio, por ejemplo, pregunta a un fama cuántas papas fritas quiere con el filete- se suman así a delirios ya clásicos como las instrucciones para llorar, para comportarse en un velatorio, para subir una escalera o para dar cuerda a un reloj. Ya se sabe, cuando te regalan un reloj, te regalan “el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa”. Pero ¿qué es un cronopio? Cortázar decía que el perfil literario de esos seres “desordenados y tibios” se le ocurrió en medio de un concierto de Stravinsky. También dijo que Charlie Parker era uno de ellos. Dionisíacos, creativos y un punto surrealistas, los cronopios son lo contrario de los famas, esos apolíneos y pragmáticos individuos que necesitan papel rayado para escribir y que “aprietan desde abajo el tubo de dentífrico”. Desde que Cortázar publicó su libro, la humanidad se dividió en cronopios y famas. Si los tres relatos recién rescatados fueron desechados en la primera edición, se debió según su viuda, a que quería evitar la repetición: “A veces escribir cosas así puede resultar mecánico. Él decía que podía ser fácil seguir fabricando situaciones. Claro, había que tener su talento. ¿Qué todos queremos ser cronopios? Bueno, como me ha dicho Judith Lange, todos somos todo. Estamos hechos así, de contradicciones. De hecho, yo conozco famas que en el fondo son cronopios. Como decían mis tías: tiene que haber de todo”. Julio Cortázar, sin repetirse, siguió tirando del mismo hilo zumbón en libros inclasificables, y ajenos al corsé de los géneros, como La vuelta al día en ochenta mundos, Último round o Los autonautas de la cosmopista, escrito a cuatro manos con su segunda esposa Carol Dunlop, que murió dos años antes que él. El desparpajo de su literatura no es nada extraño en alguien a quien sus amigos veían como un niño grande, un escritor muy serio que siempre manejó las palabras como si fueran de juguete.
Etiquetas: Cortázar, cronopios, famas, Julio Cortázar |
posted by Algo de música y Tal vez otras cosas @ 11:31 a.m. 
|
|
|
|
|
| sábado, 15 de marzo de 2008 |
Burla burlando ya van seis delante
Más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los chamanes de la juventud parten sucesivamente. A veces ya no pensábamos tanto en ellos, se habían quedado atrás en la historia; other voices, other rooms nos reclamaban. De alguna manera estaban siempre allí, pero como los cuadros que ya no se miran como al principio, los poemas que sólo perfuman vagamente la memoria. Entoces -cada cual tendrá sus sombras queridas, sus grandes intercesores- llega el día en que el primero de ellos invade horriblemente los diarios y la radio. Tal vez tardamos en darnos cuenta que también nuestra muerte ha empezado ese día; yo sí lo supe la noche en que en mitad de una cena alguien aludió indiferente a una noticia de la televisión, en Milly-la-Forêt acababa de morir Jean Cocteau, un pedazo de mí también caía muerto sobre los manteles, entre las frases convencionales. Los otros han ido siguiendo, siempre del mismo modo, la radio o los diarios, Louis Armstrong, Pablo Picasso, Stravinski, Duke Ellington, y anoche, mientras yo tosía en un hospital de La Habana, anoche en una vos de amigo que me traía hasta la cama el rumor del mundo de afuera, Charles Chaplin. Saldré de este hospital, eso es seguro, pero por sexta vez un poco menos vivo.
Julio Cortázar (Un tal Lucas)
Viernes, 07 de Marzo de 2008 strong>literaturala muerte de la escritora susana silvestre El adiós a la autora que se rebeló contra el dolor
Por Silvina Friera La escritora Susana Silvestre, ganadora del premio de novela Casa de las Américas 2007 con Mil y una, enfrentó su cáncer terminal sin abandonar la sonrisa ni el buen humor, pero el domingo pasado –según informó ayer la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)– el agravamiento de su enfermedad y el dolor corporal, insoportable, la llevaron a quitarse la vida. Aún puede leerse en su página web ( www.susanasilvestre.com) una simpática enumeración de objetos que ella elegía como carta de presentación. "Como se habrán dado cuenta, soy escritora, aunque no precisamente de best-seller; en consecuencia, poseo una casa modesta pero con terraza, no tengo auto pero sí una cuantiosa biblioteca, una no despreciable disponibilidad de CD, las plantas suficientes como para formar un pequeño bosque y que un colibrí me visite todos los veranos, soy dueña de un gato siamés y de muchas películas. Ultimamente he incorporado a mi patrimonio una bicicleta que guardo en el garage de enfrente. Con ella he conseguido satisfacer las demandas de actividad física solicitadas por mi médico, además de recuperar aquellos tiempos de mi infancia en San Justo, cuando la bicicleta era como una prolongación de mi cuerpo." Silvestre nació en San Justo (Buenos Aires), en 1950. Es autora de los relatos El espectáculo del mundo (1983), Todos amamos el lenguaje del pueblo (2002) y Mujeres de vacaciones (2005) y de las novelas Si yo muero primero (1991), Mucho amor en inglés (1994), No te olvides de mí (1995) y Biografía no autorizada (2004). Fue guionista de la película La vida según Muriel (1997), junto a Eduardo Milewicz, y escribió la obra de teatro Donde no crecen las rosas (estrenada en el Centro Cultural San Martín, en 1989). Mil y una –recreación argentina y contemporánea de la saga de Sherezade, del Decamerón y de los no menos clásicos Cuentos de Canterbury– fue elegida entre las 115 obras presentadas al concurso Casa de las Américas "por su prosa fluida, limpia, graciosa, su estructura inteligente, compleja y lúdica; y por constituir un desafío frente a las tendencias que muestran hoy los grandes consorcios editoriales". Publicó en editoriales "consagradas" –Emecé, Espasa Calpe, Planeta– sólo hasta 1995, año en que sobrevino la brutal concentración y el achicamiento del mercado editorial del país, seguida de una preceptiva "global" a los autores para que escribieran pensando en un público "más amplio". "Tenía dos opciones: plegarme a la corriente o rendirme ante mi ética y mi amor por la literatura. Triunfó este último y mis textos fueron apareciendo en editoriales pequeñas", recordaba la escritora. "El premio Casa de las Américas, con el que soñaba cuando empecé a escribir, allá por los años de la última dictadura militar, viene a decirme que no me equivoqué." Carlos Chernov, durante la presentación de Mujeres de vacaciones (Ediciones Al Margen, 2005), señaló que los relatos de Susana transmiten algo de la tristeza del tiempo en fuga. "Como si escribiera movida por la idea de que, la alegría erótica, es el único antídoto contra la angustia que nos provoca el conocimiento de nuestra inevitable muerte. Como si se rebelara contra la idea de que el instante debe ser un humilde subordinado del porvenir." Susana, precisamente, se rebeló contra el dolor, el domingo pasado. En el comunicado de la SEA se recuerda la cita de la última carta de Van Gogh, encontrada en su chaqueta el día de su muerte. "Contiene el mismo mensaje que nos podría haber enviado a todos Susana Silvestre, antes de partir: 'Finalmente, sólo podemos hacer hablar a nuestras obras'."
Enlace a la nota original del diario
Etiquetas: Graciela Holfeltz, Julio Cortázar, Silvestre, Susana, Susana Silvestre |
posted by Algunas libros gratis en Internet @ 6:44 a.m. 
|
|
|
|
|
| viernes, 9 de noviembre de 2007 |

La página de El País con la información la encuentran acá (hasta que la cambien...) Y finalmente 7 Mares comparte la primera parte del cuento con nosotros: El cuento "Las caras de la medalla" de Julio Cortázar.
(que es la primera parte, al final de esta entrada verán el lugar para descargar la segunda parte "Ciao, Verona", que es el cuento inédito)
Según lo que dice el diario:
"todos pasaron de puntillas en especial sobre Las caras de la medalla, enigmática crónica de la relación -o, mejor, de la falta de relaciones- entre una mujer soltera y un hombre casado que trabajan en el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (¡Cortázar hizo de traductor en el Organismo Internacional de Energía Atómica!); un texto de inquietante lectura donde el protagonista no es capaz de comprender el rechazo amoroso al que lo somete su compañera; un texto que parecía, como se lee en el último párrafo, una pesadilla de la que trató de despojarse mediante la escritura. También era enigmática la dedicatoria ("a la que un día lo leerá, ya tarde como siempre"), a la que se sumó después otro misterio mayor, el contenido en esta frase de una carta que Cortázar escribió al año siguiente a su amigo Jaime Alazraki, uno de sus mejores críticos:"En Alguien que anda por ahí hay amargos pedazos de mi vida, por ejemplo Las caras de la medalla, cuya historia siguió y terminó en otro cuento muy largo que escribí hace meses y que entrará en otro libro, si libro hay; se llama Ciao, Verona, y fue tan duro de escribir como el otro". Por razones que no es éste el lugar para debatir, Ciao, Verona no fue incluido por Cortázar en los dos únicos libros de relatos que editó con posterioridad (Queremos tanto a Glenda y Deshoras), así que permanecía inédito y la única copia de la que hasta la fecha se tenía noticia, conservada en la Universidad de Tejas, estaba prácticamente olvidada; prueba de ello es el hecho de que no se incluyera en el volumen de los cuentos con que se inició recientemente la edición de las obras completas." El cuento Ciao, Verona, la segunda parte inédita.
Es el escaneo del texto que apareció en el diario El País.
Etiquetas: Cortázar, Cuento, cuento concurso, Julio Cortázar |
posted by Algunas libros gratis en Internet @ 3:46 a.m. 
|
|
|
|
|
|